sábado, 20 de marzo de 2010

Secretas razones por las que ladran los perros (sus castas y contenidos)


Angélica Santa Olaya, Ileana Garma (de espaldas) y Adriana Tafoya.

Jauría de Javier Gaytán
Por Adriana Tafoya

Antes que nada me da mucho gusto presentar este libro Jauría de Javier Gaytán, pues es un poemario que en lo personal, y bajo los criterios editoriales de Verso Destierro, merecía publicarse. Aunque en realidad no es necesario que una editorial tenga que justificarse, por decirlo de alguna manera, ante el lector por una publicación, en este caso, más que una disculpa, puedo decir que es un placer mostrar trabajos de calidad y sobre todo de contenido.
Javier Gaytán nace en 1971. Pero nosotros nos enteramos de su existencia hasta mediados de 2006 cuando lo encontramos publicado en una revista universitaria ya desaparecida. Me llamó particularmente la atención, pues al compararlo con otros textos de dicho “engrapado” —más otros tantos referentes en otras revistas de ese año— Gaytán denotaba mucho más poder, estilo, oscuridad y sobre todo provocación que otros colegas.

Se da a conocer con nosotros precisamente con el poema que abre este poemario como una gran cabeza, titulado, Canto a un dios homosexual (que soy yo mismo), poema parafrasético, que nos recuerda a Jorge Cuesta, con su Canto a un Dios mineral, poeta que rayó también en los marginales de la locura y la castración, aunque de algún modo Gaytán con su obscenidad parece mucho más fresco. Para nosotros pensar en Jauría, es pensar en un Gaytán con una canasta llena de bolillos y panqués rellenos de pasas, seguido por su Jauría de perros como un carnaval de bestias recorriendo la Merced.

Pero todos estos perros no son el mismo. Podrían ser y no, un Javier multiplicado en todos ellos. ¿Cómo saber si todos los perros que se unen a este carnaval son de la casta de Gaytán? Siempre hay animales colados a la fiesta, y también estos son los que nos invitan —se quiera o no— a enturbiar el pensamiento con ellos. Más adelante hablaré de los perros en los que se multiplica Gaytán, pero ahora será interesante hablar de esos perros desconocidos y a la vez recordados por todos (y localizables) que se entreveran por la calle plagada de edecanes rojas que la decoran.
No hablaré de todas las castas, pero sí de algunas que se encuentran entremezcladas en esta Jauría: perros que llegan a la poesía porque perdieron su propio camino; otros que se acercaron por el intenso olor a carne; otros deseando mear el poste citadino por milésima vez dejando en la hoja, no un contenido, sino el mismo turbio perfume del poder: preñar a toda hembra y como buen perro alfa a todo perro escuálido que se deje. Estos perros, por poner un ejemplo, son los que acechan en cada esquina, esperando el momento de saltar a la página y orinarla con su tinta negra y dar memoria (como si fuera necesario otro más de estos mensajes) de ese retardo ideológico y aún medieval de nuestra sociedad.

Los perros de Gaytán, los perros poemas de Javier Gaytán, aunque parecidos, a estos perros citados aquí, no son iguales. Aunque ante el lector pudieran coincidir en deseos y aspiraciones, como lo son todas las necesidades de la vida, como lo es comer, vestir, poseer un territorio, ejercer como (todos los perros) la poligamia y vencer la gran necesidad del coito, querer poder, y por supuesto el incontrolable deseo de trascendencia. En esto podrían coincidir, pero no. Pues el poeta Javier Gaytán selecciona los ladridos (los afina), escoge los canes por sus tonos, lo extrae de su poblado gris y les da estilo, tesitura, y por qué no decirlo, “pureza”, hasta lograr en su gruñido, la originalidad. Pues en el contexto literario actual, por hablar sólo de México, pocas voces destacan por tener un canto distinto, pues lo normal es que los estilos terminen unificándose en un enorme coro que provoca el discurso estético de una época, y aunque no se quiera, de una elite, o de una clase social.

Iliana Godoy, Andres Cardo y Angélica Santa Olaya


Estos perros de Gaytán logran la catarsis de cualquier ser desamparado (y que declarado o no, todos lo somos) llevando al clímax el sentimiento de impotencia, mediante la transgresión de los límites o tabúes (como lo queramos ver) de nuestro sistema familiar. Javier lo sublima en versos como estos:

Sufro un semental arribismo
que taladra en la cúpula de los cuerpos.

*

Veo a mi madre escupir clavos
ocultos en la indiferencia
de quienes se revolcaron en su cuerpo.

*

Mi hermana alumbra codiciosa los veranos
su soledad trasgrede las fronteras de la carne
huye asustada a lamer las heridas
en los límites de nuestros orgasmos

*

Mientras los orines de la perra
se confunden con las erupciones de mis labios


*

La vagina de la abuela
se desgrana en los dedos
de mi adolescencia


*

Me fascinan los senos del travesti
frígida cascada de tacones
que lamen mi ojival viril


*

Soy buitre vagina de tu espíritu negro

Después de llevarnos por este incestuoso y lascivo recorrido por los deseos elementales del humano (del ente que escarba en el corazón del niño); la copulación con la madre, con la hermana, con la abuela, con el compañero en tacones, incluso, de inventar y penetrar su propia vagina, Gaytán Gaytán, el poeta, no concede y muerde con sus perros ojivales un poco más: para qué conformarse con penetrar solamente a la Madre —que es el deseo más íntimo en la tierna infancia— y que como es sabido en ciertas tribus africanas por tradición era necesario que el joven cumpliera el rito de iniciación sexual, precisamente con su madre, pues era la encargada de terminar su educación iniciándolo en los placeres de la carne, y de este modo, entregarlo a la madurez sexual. Por qué conformarse con esto, incita Gaytán, si también puede ser tomado por el abuelo, y él a la vez fecundar al polvo mismo. Por qué no ser zoofílico y coger nuevamente con marranos como suculento oficio y aún mejor, penetrar a su padre (como lo vemos en la cinta 8 1/2 mujeres, del inglés Peter Greenaway, en 1999) en el gran clímax interior de la conquista, y así en el orgasmo indefinible eyacular a lo divino, fornicar en la última cena con su dios; con el sabor de su fragancia, cito, la lengua de mi dios andrógino / para calar mi piel / necesito de su odio / el color de su misterio.

Iliana Godoy, Javier Gaytán y Angélica Santa Olaya


Y aquí el misterio de este libro de Javier Gaytán, el gruñir en poemas orondos, creando una voz entre los perros distinta, pues esta transgresión, esta síntesis en el tema, al darle voz al inconsciente colectivo con un estilo propio, hace del poeta en sí, como humano ya, un ser original. Es necesario en la poesía de ahora, ya que el escritor no puede ser único en su escritura, sino es a la vez, particular como humano, lo cual también ocurre en el caso de Hugo Garduño, José Miguel Lecumberri, Alonso Lenin y Álvaro Baltazar Chanona-Yza, entre otros.

Porque nuestro lenguaje surge de un substrato en el que los sonidos, las imágenes fugaces, la sensaciones orgánicas y las corrientes emocionales no están aún diferenciadas. Algo se pierde en el recorrido desde el cerebro que intuye, siente y piensa, hasta los labios que pronuncian palabras y frases, en palabra de Theodor Reik, psicoanalista y erudito, y es necesario estar consciente de esto para dar más de nuestra esencia en la escritura.

Javier Gaytán y Adriana Tafoya leyendo


Hemos escuchado muchas veces, en este medio literario, la frase que se ha convertido en dicho y lugar común respecto a los perros, de Cervantes Saavedra: —Ladran, Sancho, señal que cabalgamos, refiriéndose como se sabe hasta el cansancio, que cuando algún proyecto crece, se mueve, o alguna obra literaria (como en este caso) provoca controversia, en fin, tiene cierta fama, provocará siempre algo qué decir; bueno o malo. Pero también es cierto, que no todo lo que crece, se mueve, o provoca el hablar, es necesariamente algo digno de festejarse. Todos sabemos, aunque no lo digamos, de la mediocridad; de los aires de grandeza y deseos fatuos de ser fotografiados, pues el mismo Sancho Panza —que no era precisamente un ser iluminado— se le une al Quijote como cualquier perro, en espera del hueso de gobernar su propia isla. Es más, el mismo Sancho, escuchó unos gruñidos y jadeos. A su alrededor cientos de perros con los ojos enrojecidos lo seguían lentamente. Total, todos quisiéramos identificarnos con el loco idealista y no con el ingenuo de mucha iniciativa. En este caso Gaytán no es el loco idealista, ni mucho menos el ingenuo, sino punta de lanza, ladrido que se escucha a lo lejos, y seguramente el gran poeta alfa que será guía, tengámoslo por seguro, para las plumas de nuevas generaciones.

Jauría

por Angélica Santa Olaya
Texto leído en Hostería La Bota el pasado miércoles 17 de marzo.

Me dijeron que tenía que ir a una pelea, así que vengo preparada con algunos guamazos poéticos en defensa de la Jauría de Javier Gaytán. Guamazos que no fue muy difícil encontrar porque Jauría ni siquiera necesita defensores puesto que la poesía de Gaytán se defiende sola.

Comenzaré por citar algunos versos capaces de noquear a cualquiera dispuesto a aguantar alguno que otro fregadazo de la vida con tal de vivir. Y para eso, claro, hay desatar el nudo a las emociones con todos los riesgos que eso conlleva:

- “Con mi quebrantada pupila cabalgo sobre el lomo del fuego…

- “Una espina transparente se clava en mis uñas como si fuera un reloj para los huesos”.

- “La lengua de la orfandad recorre el polvo de mi sueño”.

- “Traigo un rumor de calaveras en mis zapatos nuevos… el sinónimo del trueno en la garganta y la confusión de los sueños que despierta epitafios en las venas”.

- “Al caminar / una centella de urracas golpea sobre el alba la incestuosa fecundación del polvo.”

Ahora los argumentos para analíticos academicistas. Encuentro, sobre todo, Libertad, una apertura sin cortapisas por parte de la voz poética que se permite convertirse en lo que sea necesario con tal de decir lo que se tiene que decir: niño, niña, Dios, hombre, mujer o bestia. El mismo Dios que abre la puerta de la jaula es un ser libre que lo mismo hace milagros que odia y fornica.

Hay, también, una poética del cuerpo (piel-senos-labios-piernas-sexo-vagina-clítoris-falos-uñas-ojos); un campo semántico que permite concretizar la intención del poeta trayendo a la realidad la poesía que surge en el ámbito de la abstracción habiendo sido originada por la realidad concreta. Un círculo perfecto que posibilita la existencia de la poesía y su aprehensión. El ciclo de la experiencia que se convierte en aprendizaje y paradójica palabra gozosa y lastimera a un tiempo. El poeta realiza un viaje redondo con boleto de ida y vuelta.

La “Jauría” de Gaytán contiene imágenes de una fuerza insoslayable; a veces, incluso, surrealistas. Requisito éste indispensable de la poesía de acuerdo con los cánones más estrictos: “De la gruta subterránea de mis labios cuelgan despechadas arañas de una madre que enumera sus cartílagos” o “Un ejército de abejas taladra el polen de mi sexo”. Quien diga que no ha visto algo al escuchar estos versos es porque está sordo. Asimismo, hay una fuerza en el manejo del lenguaje: “No, no he vivido… sólo soy la huella de un disturbio” o “Áspid… en tus caricias temblorosos homicidios”. Estas dos fuerzas, unidas a una escatológica ternura que se desplaza entre los extremos más extremos provocando, al mismo tiempo que repulsión y quizá gracias a ella, una ternura que devela la sensible fragilidad del poeta. Un oxímoron emocional y sensorial en el que el lector se ve también envuelto. Este viaje de uno a otro y a través de los extremos no es fácil de lograr: “La perra ahorcada nubla la plenitud de arena / cada vez que la realidad corta de tajo su equilibrio de muñeca”.


Gaytán no pretende ser un poeta maldito; es un hombre que se reconoce perro y al mismo tiempo un Dios que se reconoce Serpiente y eso lo deja muy claro desde la primera página. Es, simplemente, un poeta que se sentó a la Belleza en las piernas y la encontró, también, amarga y está construyendo un estilo propio para expresar, en total Libertad, sus hallazgos con la Vida y la Muerte. El uso de esa Libertad le permite utilizar elementos que, a pesar de su “fealdad” enfatizan la Belleza de la expresión y la profundidad del sentido. La Belleza de “Jauría” está, precisamente, en su libre caída hacia el fondo del barranco para salir, embarrado de lodo, pero respirando y contando lo que ahí se encontró.


Finalmente, Gaytán, al presentarnos algunos sonetos en su “Jauría”, muestra que la rima no es una enfermedad poética sino un respeto por los orígenes necesario para poder avanzar el cual se valida, sobre todo, al ser contemporizado y recreado. El uso del soneto por parte del poeta habla de un respeto a su origen y a los lectores al señalar que transgrede la regla porque la conoce; no por un capricho retórico. Y es, también, la memoria que permite al poeta mantener la música en el verso libre que, finalmente no es tan Libre como se cree porque debe preservar el ritmo; uno de los elementos esenciales de la poesía, de acuerdo con Tagore, junto a la imagen y al manejo extra-ordinario del lenguaje que ya mencioné. De modo que el verso libre tiene, quizás, más cadenas que la rima porque se trata de una Libertad Encadenada en palabras de Saúl Ibargoyen. De hecho, los sonetos de Gaytán no están estrictamente apegados a la forma clásica por lo cual llevan el sello propio del autor rebelde, pero respetuoso de la memoria imprescindible a todo el que desea caminar por los intríngulis de la poesía sin soslayar las huellas de otros, pero con sus propios zapatos nuevos, aunque el viaje inicie con un “rumor de calaveras”. La poesía es libertad y riesgo. “Jauría” es una muestra de ello.

martes, 16 de marzo de 2010

Memoria de los Cuerpos O la obsesión de moler el tiempo

Imagen original de la portada del libro. Óleo de Jehtro Zúñiga.


Crujan en lo inmutable,
Cuerpos,
lo ferroso que avanza
sobre lo delicado de las cosas rotas
y las cuida para que sigan siendo siempre pequeños
desmenuces,
objetos fragmentarios, pero bellos,
con la belleza que da la permanencia,
estables,
calmos como las grúas en el instante en que fallecen
y caen sobre una suavidad de pernos y tornillo
quietos,
ligeramente estrangulados por el tiempo
pero hermosos, aún,
(p. 69)


Si un poeta se identifica por su voz, por la unicidad que lo distingue, de su carácter o estilo que impregna en las letras, y lo hace parecer sólo sí mismo, entonces Max Rojas es un poeta inconfundible, poseedor de ese trombón que lleva por voz y cada vez que habla retumba grave el ambiente y vuelve de pronto al paisaje un bosque de árboles secos.

Cuerpos I. Memoria de los cuerpos, editado por VersodestierrO con apoyo de la AEM, es un portón que se abre lentamente, igual que se abre la ventana de un subsuelo, las puertas del infierno cuando éste quiere dejar salir a las ánimas que habitaron la tierra para volver en busca de nuevas vidas. Es el comienzo de un poema, que incluso Rojas no imaginaba lo que sería ahora: un poema largo (de gran envergadura) como lo es la ceniza de un cigarro sobre el cenicero cuando la plática está deliciosa y se olvida el humo que envicia el ambiente.

Así nos conduce Max en su máquina de vapor, que semeja un ferrocarril pesado, de metal que se antoja inamovible, y que para moverse requiere horas de impulso, brasas y muchos hombres de carbón para inyectarle su poder de palabras chirriantes. Pero en sí será una máquina que después no podrá detenerse y conducirá a los viajantes a su destino, muy lejos de donde imaginaban llegar. A fin de cuentas es un tren que lleva a los que huyen a un sitio donde nadie podrá encontrarlos. Un lugar caótico, o por lo menos lleno de un orden incomprensible, donde los vagones atraviesan dimensiones y no obedecen el tiempo lineal: respecto a esto Rojas escribe en la “advertencia preliminar” a Cuerpos:

Al interior de cada libro no hay tampoco, en muchas ocasiones ilación entre versos. Salta —el poema— de una obsesión a otra y parece que se va pero regresa, enfantasmado, para adentrarse a un espejo y huir hacia regiones frías y convertirse en un trombón que asiste a los velorios para hacerlos un poco más alegres. Es un caso, el de este poema, de una lógica-ilógica o, para que suene un poco más presuntuoso, una especie de “lógica” poética que no acierto a explicarme, pero que me ha metido en los más oscuros vericuetos del caos y la demencia, así sea en el orden de lo imaginario.

De tal modo que este poema descuartizado y al mismo tiempo cosido ahora ya en 24 libros, hace pensar en las Reflexiones sobre la poesía de Enrique González Rojo Arthur, a manera de esclarecimiento, en las cuales habla también de una lógica poética que reside en los poetas, y dice así:

Muchos poetas —y de los mayores a veces— no quieren saber nada de la Estética o la Poética. Su quehacer se les antoja único e inefable. En la puerta que conduce a los litorales de su “inspiración”, colocan el letrero de “se prohíbe la entrada”, y cualquier reflexión sobre la interioridad o entresijos de su práctica poética, les parece una arbitraria intrusión racionalista. En cierto sentido les asiste la razón. Tomando en cuenta, en efecto, que mientras el poeta camina con pies alados, y toda Poética lo hace con pies de plomo, ¿tiene sentido pretender sujetar el vuelo del primero al torpe caminar de la segunda? El poeta descubre momentáneamente, a golpe de imaginación, a vivencia desenterrada, lo que al crítico o al esteta le lleva años en presumir, aislar, tematizar. Si es que existe la lógica poética, al poeta no le es necesario —o no le ha sido— saber de ella, ya que su genio, su musa o su numen le permiten no sólo cantar sino hacerlo en ocasiones de modo maravilloso e inolvidable. Pero detengámonos un momento en este punto. Así como los hombres antes de formular los principios básicos de la lógica y desarrollar sus mecanismos esenciales ya pensaban lógicamente o, lo que viene a ser igual, así como hay multitud de individuos que jamás han leído a Aristóteles, Bacon o la lógica de Port Royal, etc., y sin embargo discurren lógicamente, los poetas, aunque nunca hayan pensado en la existencia de una lógica poética o, incluso, rechacen terminantemente su mera posibilidad, han creado su poesía dentro de una lógica especial por ellos ignorada. (p. 31)

Tomando en cuenta la reflexión anterior, la lógica de Max Rojas en este poema es que no puede haber conclusión posible. Que no quiere llegar al irremediable fin. Se decide a romper un silencio que duró cerca de 30 años y una vez adentrado en ese vacío, el eco se revienta interminablemente, voz tras voz, como ondas en el agua al saltar una piedra hacia el otro lado sin divisar nunca la orilla.

Es un camino terrorífico en reversa, hasta el primer día del hombre, cuando la primera madre parió al primer humano y se pudieron definir ambos (madre e hijo) como tales y no como simios o alguna otra clase de animal extraño incapaz de hacer grafías en las piedras o en los árboles o aullar alguna canción con partitura de glifos acuíferos.

Max Rojas hace este viaje desesperado hacia la carne, hacia la tierra de la fascinación carnal. Poeta materialista que no quiere resignarse a esa muerte que traemos atada a nuestro traje de humanos. Es esta complicación de aferrarse a la carne la que hace los hombres no sepan morir, y se arremolinen en busca de salidas en el espejo furioso de la memoria, en donde aparecen los más temibles fantasmas en busca de regresar al presente para demonizar todo y hacer que lo que ahora parece derruido se vuelva radiante, aunque sea sólo en un destello vehemente de tinta, en un inalterable pulso de cirujano dispuesto a disectar ese cuerpo obtuso e imposible de entender que es lo irrecuperable: esa musa de invisible carne que es el tiempo. Invento dramático en donde los Cuerpos transcurren como una serie de puntos infinitos en donde el mundo que se construye es sólo la maqueta del fin de algo irremediable como lo es el fin del camino de los que dejaron atrás hace mucho su vida, y quedaron atrapados en el Círculo.
Max, como todos nosotros, huye de la Muerte:

Huir de todo
en fuga de uno mismo hacia sí mismo,
errancia indetenible,
exilio en condición de sombra hacia los cuerpos
que ama,
cuerpos tan borrosos que ya no caben en ninguna parte,
no pueden circular como objetos materiales
no suben escaleras
o bajan por los puentes
que permiten el paso de los ríos,
sólo nombres (p. 58)


Así, de una manera Heggeliana el poeta cada vez que se da alcance ha partido ya hacia otra Errancia. Sólo detrás de los nombres, de los ríos que son la vida o vidas que se dirigen al Mar, al sitio donde el sonido de las olas cubre todo vestigio humano. Escribe Rojas esa partitura para trombón y silla junto al mar como una forma de enfrentar el rugido incontenible de lo que no podremos controlar. Y medita:

Sólo hay mitos
o desoladas intemperies cubren con un manto de piedad
los signos que anticipan los próximos destierros,
o se escuchan sonadas abstracciones en que lo real
se pierde en sus afanes turbios,
su calvicie brutalmente
ornamentada con alambres verdes,
tendederos de agónico canario amarillento por la bilis
que le sale de su canto amargo,
su dulce canto estrafalario
que huye hacia lo loco y se estrangula con sus manos
enjauladas (p. 78)

Las manos de Max Rojas son jaula donde viven grandes pájaros, que seguro abrirá para que viajen al sitio donde no existe el tiempo, al menos ese tiempo de segundos y horas que tanto pregonan los hombres, pájaros que llegan y permanecen dormitantes en un poema interminable; hermosa parvada de letras que astillará más de dos mil ojos.


Memoria de los Cuerpos. Cuerpos I (Editorial VersodestierrO) mereció el Premio Iberoamericano de Poesía Carlos Pellicer para Obra Publicada 2009.

viernes, 16 de octubre de 2009

Presentación de Manuel Becerra por Adriana Tafoya

Alegato de imprenta para el poemario Los Alumbrados, de Manuel Becerra Salazar, Premio Nacional de Literatura Ciudad Ecatepec, Enrique González Rojo Arthur

Andrés Cisneros de la Cruz, Adriana Tafoya, Manuel Becerra e Inés Parra.

Con anterioridad Manuel Becerra Salazar publicó Cantata Castrati, su primer libro, editado por Colibrí en 2004 en versión rústica con un tiro (si no me equivoco de 100 ejemplares), posteriormente en 2006 se reedita en la recién desaparecida Editorial Colibrí, en la colección As de oros con tiraje de mil ejemplares. Es importante la mención de este primer poemario (Cantata Castrati) porque en él se perfila ya el bien aprendido oficio del verso y la necesidad del poeta Becerra por gestarse en la intimidad del erotismo femenino, al igual que el preludio a la reafirmación de un estilo.

En este poemario Los alumbrados laureado por esta ocasión con el premio Enrique González Rojo Arthur 2008, Manuel consolida su buen oficio y efectivamente logra remarcar el perfil de su estilo. Respecto a la temática (que en general no se toma en cuenta ni se le da la debida importancia en la reflexión por presentadores, críticos y opinadores de la poesía, pues sólo aducen a la forma) es importante penetrar este libro, y si es necesario a Becerra, el poeta mismo, para dar al lector algunas pistas o claridades —si se quiere así— sobre estos versos.

Abro cita: “Nos montamos en esos aleteos como trenes/ y en las ganas de cercenar a los hombres, ganas de sacar filo al arco de la viola/ y abrir con amor la garganta del prójimo,/ pero alguien (tal vez una bellísima hija de Dios)/ ya le ha tajado el lomo a la bestia, le ha quitado la quijada, de nuevo, nos la ha dejado caer en el corazón”.

En este poema aparece la primera dama, a la cual nombra como una “bellísima hija de Dios”, posteriormente, aparecerá Helena, y la noche siguiente Grecia, para continuar con una larga lista de musas: Alondra, Libélula, Rosa, Golondrina, Laura, etc.

La inquietud "amorosa" de sus 26 años es evidente en los siguientes versos:

“Buen sitio para encontrarte mago/ y libertino a la vez,/ apareciendo, Señor, en la turquesa de las copas,/ y esfumándote a la mañana siguiente/ cuando nos envías una pantera furiosa y solar/…/Buen sitio para ver tus estrellas ahora puestas/ en las sienes de estas niñas,”

Parroquianos atentos al alegato.

Es aquí tácito, el conocido mito bíblico del animal pecho-tierra que vive bajo la condena de: Nacer, reproducirse, y huir. Y cito aquí un fragmento de la Biblia respecto a esto: “Entre los animales que se desplazan sobre la tierra, éstos os serán inmundos: la comadreja, el ratón y la tortuga, según sus especies; el camaleón, el cocodrilo, el lagarto, la lagartija y el calamón. Estos os serán inmundos de entre todos los animales que se desplazan. Todo el que los toque, estando muertos, quedará impuro hasta el anochecer”, y su relación con lo divino queda en esto manifiesto.

Y ahora cito el canto del poeta: “Bebe el niño, pues ya se acerca lenta,/cual víbora, la noche ciega y larga”. La embriaguez erótica, enigmática, y sobretodo carnal, siempre emparentada con el vino, nos obsequia una poesía de labios, de nalgas, y de húmedos sexos enjoyados, poesía donde su más bello oficio se refleja en los poemas a Grecia y Laura, y sobre todo, en los dulces versos a Mariana.

Cito versos: “¿Qué hace el tigre siendo un universo/ para sí mismo?/ ¿Qué hace la sombra/ tratando de perpetuar, aprisionando en su piel, la lumbre en constante fuga?/ ¿Qué hace Mariana aprisionando al tigre escrito/ en su cuaderno de aire?”

La poesía de Manuel Becerra Salazar refleja al hombre sediento de aventura, de conquista, de con una sola boca poder tragarse al mundo, con la alegría de la semental pluma.
Los alumbrados es grave poema, que para los lectores dejará un enorme ansia de vivir y de disfrutar: “quebrarse entre el espeso alabastro del orgasmo”, pero también, la dulzura de concebirse y reflejarse por primera vez en los ojos de una niña que siempre lo estará esperando.

Adriana Tafoya y Manuel Becerra.

“Se apagarán las luces, Señor, y en el centro de la pista/ aparecerá una de tus enviadas con su piel lavada por la luz,/ sus cabellos de rojo metálico, que me harán pensar/ en tu sangre” … en mi sangre, diría Becerra, carne de mi carne, carne de su carne, porque también, es él carne de las Musas, las mismas Musas de agua que bebe en su poesía.

Retomando la opinión anterior, respecto a la importancia del tema en la poesía, en la exposición no sólo del hallazg0 en el oficio, sino en la profundidad de su esencia, es necesario, como menciona Juan Domingo Argüelles respecto a dos emblemáticos poetas mexicanos: “Sor Juana y Paz encarnan un tipo de poeta que va más allá de su aportación lírica y modela al intelectual a quien nada le es ajeno: ni la religión ni la política; ni la cultura, ni por supuesto la sociedad”(1). Por esto, tanto para el poeta como para el lector, desarrollar un ojo crítico respecto a la poesía actual —no sólo en sus formas, sino en la temática—nos hablará del desarrollo (o si se quiere ver de otro modo) de la evolución del pensamiento escrito: el pensamiento del poeta: a fin de cuentas, qué es lo que propone, lo que entrega como esencia a su lector. Pues, ya bien, a manera de conclusión, como lo dice Enrique González Rojo, “la poesía no sólo nos produce placer estético, sino que nos permite conocer y conocernos”(2).

Felicidades al poeta, por este bello y oficioso libro.

(1)Ayer y hoy en la poesía mexicana. Introducción a Premio Nacional de Poesía Joven de México. Treinta años, por Juan Domingo Argüelles.
(2)González Rojo, Enrique. Reflexiones sobre la poesía. VersodestierrO /El Aduanero Ediciones, 2007.

jueves, 15 de octubre de 2009

Los Alumbrados por Inés Parra

Manuel e Inés Parra.

Cuando pienso en el título del libro de Manuel Becerra me viene de inmediato a la mente la referencia de aquellos alumbrados del siglo XVI, esa secta religiosa española perseguida por la Santa Inquisición por considerarse herética y protestante; estos alumbrados, o también conocidos como iluminatis, creían en el contacto directo con Dios, a través del Espíritu Santo, mediante visiones y experiencias místicas. En el libro Los Alumbrados hay también esa conexión mística con la otredad, con la poesía, todo a través de la música, la luz, y esa rosa que deambula por los versos. Y también, ¿por qué no?, habría que decir que la poesía de Becerra tiene algo de protestante, es una poesía que se sale de los círculos literarios, no oficialista, una poesía que viene del arrabal, de la calle, de la noche, de sentir como la muerte se lleva lo que uno ama.

El primer apartado de este libro se titula La Rosa Por El Fuego, el epígrafe que utiliza Manuel para iniciarlo reza de la siguiente manera: “El destino de los hombres es arrojarle piedras a la rosa” texto de Leopoldo María Panero, y cuánta razón hay en éste, sin embargo, la manera en que prefiere Becerra llevar a cabo este destino “prometeico”, es a través del incendio, de la música; es así como pretende consumir la rosa: ya sea bajo la estrofa de tango, o con las manos y la caricia de su pequeña Grecia.
Cito: ( pág. 22)

Durante la presentación en la Hostería La Bota.


Aquí el poeta renombra, protege a esa rosa cuyo destino es muy corto, es una flor que a pesar de estar muerta luce hermosa y Becerra lo sabe, lo deja ver en sus versos.

Canciones para asesinos está conformado por solo 3 textos, los cuales son sensitivitos, sensualistas en su ritmo,
Cito: (pág25)

Quisiera resaltar cómo en Concierto Lunfardo el lenguaje común comienza a ser un limitante para el poeta, se ve obligado a utilizar la propia jerga de este género, el ritmo, el metro, y la intensión y obra del sarcasmo lúcido:
Cito: (pág33)

En conversaciones con Mariana encontré la inocencia de la niñez, que es ese tigre de mariana escrito en su cuaderno de aire y no ese tigre, de quien bien se ha escrito en nuestras letras mexicanas.

Por último quisiera hablar de Corazón terráqueo, cuando lo leí por primera vez, tengo que confesar que me conmovió tanto que no pude dejar de pensar cómo a cada poeta nos marca la muerte; y los poemas que componen esta parte son eso: el canto a la muerte de un padre , a lo Manrique , a lo Sabines Cito: (pág50)

Qué decir de los poemas de este apartado si aquí el poeta dibuja a su padre, cuando era un niño trabajando en un aserradero, si deja testimonio de esa muerte que un día llegó al hospital a obligarlo a cantar, a escribir sin sosiego el testimonio de su mayor perdida.

Becerra.


Quisiera terminar este breve esbozo diciendo que celebro que en tiempos como estos, poetas como Manuel desnuden el alma, y fuera de poses, dejen ver lo que hay en su interior como un eco de este siglo; ya sean luminosos o oscuros caminos, o las eternas noches de vino. Y sobre todo celebro que este libro este dedicado a sus seres más amados: a la dulce Grecia y sus padres.

México DF, a 9 de septiembre de 2009


martes, 25 de agosto de 2009

Historia de una bruja con el estómago revuelto



Por Angélica Santa Olaya



Adriana Tafoya y Angélica Santa Olaya.

Quiero comenzar a hablar de la historia de esta bruja recordando un libro especial, un libro sagrado: el Chilam Balam de Chumayel. Se preguntarán qué tiene que ver este libro con la Casa de Navajas de Estephani… aparte, claro, de Balam. Encuentro algunos puntos de contacto que no sé si tendrán que ver con una intención consciente de la autora, pero Borges decía que cada lectura es una recreación válida por sí misma así que Borges será responsable de esta perorata. Las coincidencias que encontré entre estos dos libros me proporcionaron una lectura que quiero compartirles porque enriquecieron mi visita a la Casa de Navajas. Visita que, señalo desde ahora, me emocionó mucho porque fue mirarme en un espejo conocido.

El Chilam Balam es un libro histórico que contiene narraciones proféticas sobre la Conquista española y el cambio de religión en Mesoamérica; pero también es un libro religioso, mítico, simbólico… es, junto al Popol Vuh, uno de los paradigmas de la literatura maya. Chilam

Balam fue un sacerdote maya que vivió poco antes de la Conquista afamado por sus profecías. Chilam quiere decir “el que es boca”, “el que profetiza”. Balam quiere decir jaguar e identifica al brujo; al poderoso felino soberano del inframundo; al cazador del crepúsculo y de la noche; al símbolo del mundo subterráneo, la noche, la vida y el tiempo primordial.

Pues bien, en esta Casa de Navajas habita una poeta-bruja, una moderna poeta-fiera quien –al igual que los mayas hace quinientos años- emprende un viaje iniciático y

profético desde los túneles subterráneos de la ciudad de México –desde las estaciones del metro Salto del Agua y Cuatro Caminos pasando por Coyoacán y anexas- hacia las entrañas del inframundo donde acecha, nada más y nada menos que otro brujo más poderoso: EL AMOR. Esa fiera que sale de mi cuarto… daga de cristal entre las piernas. Esa señora del desierto que come las sobras de los que enmudecen cuando aman, dice la bruja, dispuesta a luchar con el brujo mayor, armada tan sólo con la sangre de su lengua.

Granda Lamadrid durante su lectura.


En este duelo la poeta escalda con saladas y musicales metáforas su garganta, para, con la honestidad del guerrero que sabe perdida la batalla, lanzar un rugido de guerra contra el objeto de su amor; ese con quien ha dialogado-monologado antes de entablar la lucha (porque el diálogo aquí es, en realidad, un monólogo). La bruja envía recados, hace aclaraciones, advierte, lanza conjuros y suplica la redención a un Balam sordo que no escucha sus plegarias mientras ella se revuelca, herida, bajo la luz del Amor que se agolpa dolorosamente en las pupilas. La bruja intenta reembolsar el tiempo ofrecido al Brujo mayor, pero el precio del Amor es alto. Tan alto como el árbol del que pende la fruta que ha caído cuando nadie tenía hambre. La bruja sabe que pelear con el Amor es pelear contra ella misma y maldice a su contrincante: Tendrías que morderme la lengua para dejar de soplar polvotu lengua está maldita. Le habla y se habla a sí misma.

La debilidad de la fiera es, simplemente, amar:

Amor

el día que me encuentres

con la tarde calcinándome los labios…

esconde tu boca pequeña entre las plegarias…

para entonces

ya no habrá consuelo

para el sentenciado a vida

La vida que el amor promete es también la muerte del que se arriesga a jugar este juego de bocas reventadas por mascar piedras dulces; juego de encomendados ensartándose en la misma aguja, de invisibles amantes / fieritas / juguetes para hacerse sangrar.

El público durante la presentación de Casa de Navajas.


El viaje que la poeta-bruja realiza está signado, también, como en el caso de los mayas, por números cabalísticos. La Casa de Navajas tiene dos habitaciones: la primera, llamada CiudadElla, contiene tres poemas: Salto del agua, Cuatro Caminos y Postal de Coyoacán. Al igual que los tres dioses creadores (Gucumatz, Huracán y Tepeu) que hicieron tres intentos por crear la humanidad: primero de barro hicieron al hombre, luego de madera y al final de maíz según cuenta el Popol Vuh. Estos tres poemas iniciático-proféticos, que inician la intentona, ocupan las primeras siete páginas del libro que abrirán la puerta del inframundo:

Cuando extendí mi mano dije

tenemos que irnos ya:

el tiempo nos venía comiendo los

pasos entre las rocas

y anduvimos hurgando toda

la tarde un desierto

pero en nuestros corazones nunca

dejó de llover

La puerta a la Casa de Navajas está resguardada por siete páginas como el séptimo cielo maya, el más alto, donde se encuentra el paraíso; el cielo de Ameteotl, el dios que era varón y hembra al mismo tiempo; el creador de dioses y de hombres; el Amor.

La bruja accede al inframundo y la profecía se cumple, la voz de la bruja se escucha en el oscuro interior de la Casa: Qué desgracia cae sobre mis ojos / no veo nada que no haya amado antes… El Amor, ofrenda más que premio, es un destino llagado de amargas nueces y amar es aprender a ponerse triste, reniega la bruja.

Esta es la historia de amor de una bruja-poeta que se tambalea hacia el baño con el estómago revuelto de amor que nadie quiere. Una historia que podemos encontrar a la vuelta de la esquina excepto porque fue contada, de una manera hermosa, por una bruja, transformada en fiera, en una conversación consigo misma. En un repetir el golpe a través de la palabra para ver qué fue lo que pasó como hacen los niños pequeños; para saber en qué momento cayó el árbol, cuándo se pudrió la fruta, en qué instante apareció la luz enceguecedora de la conciencia que ilumina la batalla cuerpo a cuerpo consigo misma; con su deseo de amar. Balam y la Bruja son uno mismo. Un hechicero arrojando conjuros para que todo renazca en la sapiencia de que el Amor mata porque no nos mata. Para los mayas no hay fin del mundo sino transformación luego de la pesadilla que transporta al centro mismo del infierno. Para Estephani, cruzar el umbral de la salida consiste en florecer a la orilla del agua podrida… pero siempre agua con el deseo de continuar fluyendo con el conocimiento a cuestas.

Con una voz fuerte y sin tapujos, llena de poesía y sinceridad, Estephani nos entrega esta primer plaquett mágica y profética que masoquistamente -como solemos ser algunos que gustamos de la poesía- disfruté-sufrí, en coincidencia y emoción propia. Fue un placer visitar esta Casa de Navajas que, me parece, devela un camino más seguro que el del Amor para la bruja-poeta Granda Lamadrid que comienza con el pie derecho su trayecto en la poesía. Felicidades Estephani.

Angélica Santa Olaya D. R.© México, D. F. agosto 2009.

Balam y la traición de la bruja

Angélica Santa Olaya, Lucero Balcázar, Granda Lamadrid y María Elena Solórzano.



Por María Elena Solórzano


Estephani no quiere decir abiertamente que ella es la bruja-poeta,
la que dice los conjuros, por fin se decide y lo proclama en medio de la plaza para que la lapiden o la quemen, la que dice los conjuros, la que transforma los príncipes en sapos, la que tiene en sus manos el resplandor de la luna y guardadas entre sus párpados todas las llamas del verano.
Me llamó la atención el título del poemario, ¿por qué, La traición de la bruja? la lectura de los poemas me dio la respuesta. La bruja traicionó al género, se ha salido del esquema convencional que todos esperan. Cito: "¡Qué presunción la tuya/ para qué tenderse en la noche esperando un poco de calor." Para qué todo se ha vuelto un manglar de hojas podridas."


La vida, el manglar. Sociedad podrida, donde todo se agrieta, se fragmenta, se escinde, explota.
Vivimos sin dirección, a la deriva y sobre frágiles cáscaras de nuez pretendemos llegar a puerto seguro, por eso ella cierra su cuerpo, desolada entre las sábanas solitaria, con la sangre entre las piernas. Para qué los ciclos infecundos, estériles de soles, vacíos de cánticos. Por qué todo lo que ella hace es inútil Cito:"...para guardar un hombre dentro de tu casa" y el varón se marcha para buscar otras mujeres otras quimeras, para ensangrentar su espada en otros corazones. Porque así es y ha sido siempre y la poeta lo dice, lo grita:
Cito:"Y él se escapa con las tardes en busca de otra"
Y no solamente se va él, se va todo, sueños, anhelos, proyecto de vida. Se rebela ante el destino, por la eterna espera, ante su condición de mujer abandonada.

Adriana Tafoya durante la presentación.

¿Qué desea, qué anhela? Imagina, sueña: Cito: "...qué en su alcoba se deslicen los gemidos..." y el amor se enrede en la luz mortesina de la tarde, pero sólo la soledad está con ella.Cito:"de envidiar hilanderas del pueblo" resignadas, conformes, tejiendo sus sueños con estambres desteñidos, ahogando el alma entre suspiros. Mujeres que encajan dentro de los moldes que se hicieron hace siglos porque así convenía a una sociedad.
La inteligencia y el talento no contaban y entonces... Cito: "La fiera se siente culpable por no tener pechos de mujer hermosa..." Eso es lo que importa la carrocería y cito"...la fruta ha caído cuando nadie tenía hambre" ¡Qué terrible, qué desencuentro¡ Ningún varón la deseaba y ella allí, granada madura ofreciendo sus rojas entrañas.
El canto IV me remite a Gilberto Owen en su poemario Sinbad el varado. Cito:"...la piel llagada de los náufragos...", los desorientados, los perdidos, porque los sentidos engañan y a veces nos dan una visión equivocada de la realidad. Sinbad emprende un viaje interior para buscar las más preciadas joyas del espíritu, pero en ese viaje también encuentra: fantasmas, dolor, fracasos, frustraciones.
Cito:"No hay donde guarecer el amor de los muertos..." tenemos que guardarlo, porque es el único amor del cual estamos seguros, es el único amor inalterable.
Cito: "Estas brujas..." léase estas poetas son intrusas, mujeres enervadas con miradas torcidas, a veces enternecen de tan alucinadas, sus lenguas no destellan silencio, en extraños idiomas expresan su dolor, cito: "Alfajores de tristeza se derraman...".
Ella no tiene destino, por venir, su destino es uno por eso, cito: "... mis manos no tiene líneas...no alcanzará la tarde para tejerte un vestido que cubra..." No, no alcanzará la vida, para pagar la traición a tu género, has dejado de ser " El hermoso animal de cabellos largos e ideas tan cortas", eso se paga con sed y con hambre de amor, por eso, cito: "Serás la señora del desierto y comerás las sobras de los que aman...Pero no conoces el amor..." las brujas o las poetas no conocen el amor, son apartadas porque tienen lepra en el alma y se atreven a contradecir a sabios y profetas.
Y te ahogará el desamor y la soledad-dice la desesperada voz de la poeta- porque no seguiste el camino de la luna y te fuiste a sondear abismos secretos que no te corresponden. Cito: "Has de quebrarte como una rosa seca entre los dedos"
Tú. poeta, los alimentas con tu cuerpo, cada palabra tiene algo de tu esencia, tu carne, tu espíritu es la fuente de donde mana tu poesía para:, cito, "...deletrear con brasas dulces de canción..."
Cito:"Es abrir los ojos un día y saber que no estás en casa..." la soledad, siempre la soledad y el desamor y se vuelve a hacer presente el sentirse: perdida, desubicada, extrañamente extranjera en su propia casa, cito: "Es que nunca estuve ahí dentro de las fotografías..."
Y la nostalgía por el amor perdido, lacerando, lastimando...cito: "... por qué todo ello lleva tu nombre, en cada marca, en cada poema que canto y que siempre nos separa más.


Estephani Granda Lamadrid en la lectura.


La bruja ha dicho sus conjuros y nos ha envuelto en esa atmósfera de desolación que recrea en excelente forma este poemario. Magnífico, con bellas, audaces y frescas imágenes. Todas las demás brujas lo degustaremos y parecerá que estamos ante un espejo.
María Elena Solórzano