domingo, 1 de marzo de 2015

Desafiar la quemadura de las ruinas (sobre "Mapa del cielo en ruinas")




Por Santos Velázquez

Empecé a leer Mapa del cielo en ruinas de Rocío García Rey con un poco de escepticismo , como si el juicio me llevara a comprender que escribir sobre el tema amoroso es un acto arriesgado, luego de que la historia de la literatura nos ha dejado disfrutar de las hermosas imágenes que los grandes poetas han plasmado en páginas inolvidables. Qué bueno, me equivoqué. Poco a poco me fue atrapando la voz del poemario, la desnudez propia de las palabras, la pasión del recuerdo para ir descubriendo El mapa del cielo en ruinas. Más allá de los adjetivos que algunas veces me hicieron un poco de ruido y de algunas repeticiones de frases para mi gusto no necesarias, así como de ciertos sustantivos no tan atinados según mi juicio; la poeta me llevó al terreno que ella pretende para sus lectores: la transmisión de la experiencia amorosa. Supe que no podía escaparme cuando leo: /“Recorriste mi cuerpo, lo recorriste.//Por primera vez creí que un hombre/podría pronunciar/sobre mi cuerpo la palabra ternura”/. Ya no tuve dudas; el amor más allá de su género de preferencia siempre es una sacudida interna, una extraña inestabilidad que no encuentra acomodo en ningún lugar. Rocío García Rey lo sabe, ella ha transitado las solitarias calles de la dicha y de la tristeza; es el precio que hay que cubrir para abrevar de esa experiencia única e irrepetible y que da un real valor, a lo todavía inalcanzable para el ser humano en su intención de acercarse a lo sagrado.


“… soy cuerpo soy palabras/ubicuidad para imaginar/que alguno de los que hemos llamado hombres/alguna tarde de lluvia/alguna tarde de viento/alguna tarde de historias/podría besarme/ y podría nombrarme…”/


Y es que el amor es una eterna insatisfacción, no hay manera de calmar esa sed. El agua es a veces demasiada amarga, a veces demasiado dulce; la mezcla sólo produce melancolía. Pero nuestra poeta, se atreve a desafiar al arcano, quiere describir un Mapa del cielo en ruinas, acercar su experiencia para que la recordemos como una luz necesaria en medio de la tormenta


“Sólo me nombran en voz muy baja/cuando creen que la espesura del tiempo/ha caído, sólo me tocan cuando creen/que puedo olvidarme de mi propio nombre…”/


“Porque escribo algunos han silenciado mi cuerpo./Porque bailo algunos quieren arrancarme/las palabras.”/


“Tal vez alguna tarde me miren/un segundo y me invoquen durante un minuto/pero serán años los que guarden mi nombre/ en la gaveta de las raras…”/


Sí, ella en verdad ha sido tocada por el amor, como lo estuvo Alfonsina Storni, Rosario Castellanos y María Zambrano, a quienes hace referencia en su libro; pero en realidad todas las mujeres están presentes, por el sortilegio del amor, en el poemario. No sólo ellas; los rostros masculinos, femeninos, y los otros, tienen cabida en el poemario. En medio de este universo Rocío García Rey se atreve, y lo logra, ver su verdadero rostro. En este punto es necesario mencionar el amor fraterno y el amor lejano por el novio de la niñez, experiencias más cercanas a la plenitud de lo alcanzable, de igual manera amplias y profundas, pero al final sólo aproximaciones al abismo, a esa oscura e ingenua experiencia que nos hará cantar varias veces para después llorar a gritos. Sin un orden definido, el amor deja siempre su quemadura, penetra no sólo la carne sino lo más íntimo del ser. Siempre celebraré la poesía que nace del amor y no hay manera que se presente la confusión para hablar de aspectos técnicos que el poeta va puliendo en el camino. Me quedo con las imágenes del libro que hablan de la presencia misteriosa, de esa voz que emerge libre y poderosa más allá de la intención de la propia personalidad. Todos vamos juntos en la creación del poema perfecto, queremos verlo materializado y quizá entonces se acabe o empiece un nuevo mundo; por eso puedo decir con Rocío García Rey:


“Querida Antonieta, no llores más,/ en memoria de tu bandera ocre/estoy rearmando la representación/ de lo que han nombrado amor,”…/


“…amada, no mueras porque alguien no quiso/ adherir al mar en ti. /Ellos se marcharán siempre siempre”…/


“En el archivo de las ciudades rotas/ tu nombre permanecerá en la lluvia./


Sí. Nosotros cuando en verdad somos también dejamos de ser, permitimos que nos tome la otra voz, se adueñe de los sentidos y nos estremezca. Que importa que no haya manera de salir ilesos, de abandonar el barco antes de que sea arrebatado por ese mar. Ella, la poeta lo sabe:


“Quise salir ilesa del juego de la memoria/quise salir ilesa luego de quemar/mis cartas sin remitente alguno”…/


“Con precaución me asomo al atrio/tengo miedo de hallar incompleta/alguna madrugada”./


Todos los rostros, todas las experiencias servirán para unir el círculo roto del amor, para construir el poema perfecto. Por algún misterio divino el ser humano aún tiene que caer en el abismo para entender el cielo, por eso creo en lo que dice nuestra poeta:


“En la zona del naufragio/ en la zona de la muerte/hemos visto los resquicios/ de los expedientes clandestinos”./

Quien no pretenda ser alcanzado por el fuego, no se acerque a esta puerta. No hay promesas de un bienestar seguro, no se conocen a ciencia cierta historias que alcancen la plenitud, y es que tal vez, sólo lo que nos pone a prueba vale la pena, sólo lo desconocido puede llevarnos a la inmensa satisfacción de amar lo inalcanzable. Y quiero terminar las citas poéticas no sin antes recomendarles este buen libro y en especial el poema Bugambilias:


“Perdonen las amantes/por no haber permanecido/en el nuevo puerto./Dispensen las amantes/que me abrazaron/aun en los días sin sol./Perdonen las amantes/por esta frag/men/tación que /soy.”/


Rocío García Rey ha abierto una puerta al escenario donde los contrincantes todavía pelean por el amor; pero ha manifestado la voz de la poesía, la ha dejado ser para que nos aproximemos a la verdadera libertad. Es posible que aún no estemos preparados para comprender y empezar a reconstruir el Mapa del cielo en Ruinas, pero tomemos el fuego, desafiemos su quemadura. SALUD.


Raíz de un instante



Por Zazill Alaíde Collins

Hace muchos años Heiddeger, revisitando a Hölderlin, escribió la siguiente frase:
Es el tiempo de los dioses que han huido y del dios que vendrá, es el tiempo de indigencia porque está en una doble carencia y negación: en el ya no más de los dioses que han huido y en el todavía no del que viene.
Al leer Raíz de un instante pude encontrar este estado intermedio o de indigencia, de orfandad o sequía, tan existencial, como todo drama humano, porque en esta vida, y parafraseando  a Luis Villoro, nos encontramos investigándole el sentido. Y la escritura es un visillo a la muerte.
No se necesita pertenecer a una generación específica, haber nacido en los 50 o en los 80, para compartir este estado, este tiempo de carencias y negaciones. Quizá este contexto sociopolítico de hoy día abre más esa cicatriz y nos permite, al tenerla abierta, cuestionar con más incisión la orfandad frente a la que nos encontramos, ahí donde matamos al padre y a la madre. Y seguimos investigando qué significa “aquí”, el aquí de lo que nunca ha estado, o “bruma”, la bruma de las palabras que ya no nos dicen nada, o que como en el último soplo de vida de Clarice Lispector se han llenado de polución.
Investigar el sentido de la vida es re construir los lenguajes o erigir nuevos, con tenues sonoridades, ya sean musicales o sonsonetes infantiles del sin sentido: volver a balbucear el origen, la costumbre, el aburrimiento del mundo, lo imperceptible de nuestra respiración, un blues, quizá, donde expurgar las derrotas.
En Raíz de un instante nos encontramos de pronto escarbando las palabras para tomar por el cuello la raíz y conocer sus ramificaciones, esas que todo autor inventa a través de personajes. Raíz de un instante nos muestra dónde están las pulsaciones: el impulso vital de voltear a las pequeñas cosas. La poesía de Pech es un lente donde podemos observar cristales de nieve, la brizna de un beso o copos de polvo dentro de un reloj: los recovecos donde volver a encontrar la Posibilidad, justo donde habitamos la rutina, donde hemos ya creado un patrón de ritmos. ¿Cabe la improvisación? Ahí la invitación y cuestionamiento de la autora para sus lectores.
Ramificar o diseccionar el tiempo es también percatarse, como dice la canción, de que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”, por eso las maletas de Pech son versos que deambulan donde se arrastra la inmensidad de su principio ontológico, y su silencio. 
Las ramificaciones de esta raíz también son acuosas, a través del deseo del naufragio, porque la poesía es esa ola, calma o brava, que viene y va, y nos mece, y nos come, y nos devuelve a la tierra para reencontrarnos con esos puntos mitológicos de una geografía personal; háblanos Cynthia, más adelante, del mapa que traza la raíz de tu instante.
Hoy que los significados se han agotado, ¿qué es lo que la poesía de Pech quiere compartirnos más allá de la autobiografía indiscutible, pero dudosa dentro de sus poemas?, ¿dónde encuentra la poesía de esta poeta el sentido de la vida? Es una pregunta para la autora, antes del delete que borre nuestro rastro del día de hoy, aquí. Y, desde luego, para comenzar una conversación con todos.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Escarnio, de Jorge Manzanilla Pérez



Por Saúl Ordoñez




 
Jorge  Manzanilla escribió en la dedicatoria de mi ejemplar de Escarnio: “espero disfrutes o detestes este libro”; y, realmente, los libros que valen la pena, que no son todos y que siempre son, por una parte, lo que el autor puso en el papel y, por la otra, el texto ideal que el lector co-escribe en su lectura, causan  en nosotros aborrecimiento o disfrute, diría yo, afecto, pues uno va poblándose de libros queridos como de personas amadas; mas, nunca nos dejan indiferentes. En este caso, lo que el poemario de Manzanilla causó en mí fue interés, disfrute y, también, una provocación. Daniel Pennac, en su maravilloso libro sobre la lectura Como una novela, afirma que los lectores tenemos el derecho inalienable al bovarismo, y Escarnio me es un espejo donde hallo algunos rasgos que compartimos varios poetas de mi generación, a la que también pertenece Manzanilla, pues yo soy del 81 y él, del 86 del siglo y milenio pasado.
El poemario se compone de secciones que agrupan 36 poemas. La primera, “El círculo de los vicios”, presenta una estructura encadenada, pues el último verso de un poema es el primero del siguiente, lo que nos obliga a una lectura de un tirón. Esta misma estructura encadenada la utiliza Clarice Lispector en su novela La pasión según G. H., verdadero viacrucis del verbo, descenso a los ínferos, y ella la toma, hasta donde sé, de ciertas canciones tradicionales brasileñas. A su vez, Esther Seligson se la apropia de Lispector para su bello y terrible poemario Simiente.
Uno de los rasgos que compartimos varios poetas de mi generación, y que encuentro en el poemario de Manzanilla, es un cierto interés, u obsesión, por la enfermedad, sea física, mental, espiritual, social o textual. Quiero decir que varios poetas de mi generación no sólo escribimos sobre la enfermedad, también lo hacemos mediante un uso del lenguaje deliberadamente “enfermo”, a través de ciertos recursos retóricos, como la deconstrucción del discurso, la fragmentación, la repetición y la alteración de la sintaxis, entre otros.
En el caso de Escarnio, la enfermedad es espiritual: el odio “demasiado vivo” que “nos coloca por debajo de lo que odiamos”; la infelicidad que nos hace olvidar el propio rostro, según los tres epígrafes que abren el libro; el escarnio, porque “hay días que confundimos rutina con agobio” (p. 10). Y la enfermedad espiritual se refleja en el cuerpo que “se disuelve”.
Aquí voy a jugar con el apellido del autor: la manzanilla o chamomilla es una hierba que crece silvestre en terrenos cultivados y que tiene propiedades medicinales, sobre todo como calmante; también es el nombre de un espíritu, un licor; pero no hay remedio ni paraíso artificial que nos salve del escarnio: “no somos más que un certamen de segundos/ que pende del clonazepam o de las manzanillas” (p. 31).
Tampoco la infancia es un paraíso perdido al que podría volverse, pues, a pesar de “cierto juguete Mi alegría postrado/ sobre un triciclo Apache” (p. 45), “no hay inocencia que nos manche de crayones” (p. 37), sino “los taladros de la ausencia”.
Entonces, ¿qué queda? El sujeto poético de Escarnio se aferra a la palabra como quien se aferra al clavo ardiente o como el náufrago a los escollos, pues, aunque “ya no hay azucenas ni jazmines decorando las voces” (p. 23), hay que “tejer poemas de estambre” (p. 34).
Decía Georges Bernanos que “la poesía no es nada si no es el canto de nuestra propia miseria”. He ahí su grandeza y he ahí su insignificancia. Manzanilla es un poeta que, con Escarnio, responde bien a su momento histórico, y lo celebro.

Jorge Manzanilla Pérez, (2014), Escarnio, México, VersodestierrO, pp. 56.

domingo, 30 de noviembre de 2014

La re-creación de la bestia

Por Rocío García Rey

La filosofa María Zambrano, en su libro Filosofía y poesía, nos alerta acerca del grillete en el que en muchas ocasiones se ha convertido la razón. Lo hace con estas palabras:

Desde que el pensamiento consumó su "toma de poder”, la poesía se ha quedado a vivir en los arrabales, arisca y desgarrada diciendo a voz en grito todas las verdades; inconvenientes; terriblemente indiscreta y en rebeldía.

Es verdad que la poesía como género ha quedado fuera del canon occidental de conocimiento y razón; sin embargo por suerte siguen estando aquellos necios como Sandino Bucio que como parte de una generación de jóvenes poetas nos dan la certeza de que la creación poética aun viviendo en los arrabales, es una suerte de festín de imágenes que nos permiten hallar el andamio al goce estético de las palabras. 
En Las Bestias y las Flores hallamos de entrada un juego oximorónico que permite colocar en el mismo campo semántico la aparente oposición: belleza / fealdad. Si bien podríamos pensar en títulos como Las flores del mal, de Baudelaire o en el famoso cuento maravilloso “La bella y la bestia” que también presentan un oxímoron en el título, en estas notas nos concentraremos en el trabajo de re-creación de dos elementos eje en el trabajo de Bucio: la inventio para proclamar la renovación de la vida, y el cuestionamiento a ese grillete que mencionamos al principio: el de la razón árida.
El poema de apertura del trabajo de Bucio recuerda momentos de Huidobro, sobre todo de aquella “Arte poética” en la que deja bien en claro que de nada vale cantar la rosa si el poeta no recrea en el poema el canto de la flor. Tal anhelo se renovación estilística está emparentado cuando Bucio escribe: “es tiempo del cambio”. Y si, otrora, varios creímos que la palabra cambio estaba en los movimientos sociales, nuestro autor abre el telón para mostrarnos que la patria no es otra cosa que la vida. El verso, en efecto, es convertido en “una llave” (recordando de nuevo a Huidobro) y esa llave nos expulsa de la palabra simple y plana para enseñarnos que el anhelo está en la conjunción de aquello que la razón nos hizo creer no podía estar en el mismo universo. La dualidad se transforma en unidad porque la nueva generación de poetas como Bucio nos dicen: “ya no seremos la misma coalición de entes carroñeros”, si esa identidad apegada a tanatos se abandona es porque se ha encontrado la manera de que el oxímoron se convierta en coincidencia opositora. Ello se explica cuando leemos: “Somos la comunidad de las bestias y las flores”.  

Aunado a lo anterior es eros con el ímpetu de la poiesis quien puede hacer que la coincidencia opositora sea acción horizontal. Tal aseveración se fundamenta con la siguiente imagen: “Somos el polen, la conciencia, la plaga que esparce el amor en todas las lápidas”.

Es precisamente la lucha de eros para volverse a posicionar en el mundo de desencanto el que hace que, precisamente como Zambrano afirmo, el poeta grite lo que la racionalidad no permite: gritar el delirio como anhelo. “Sucumbo en el umbral del delirio”. Se trata de un delirio creador y re-creador en el trabajo de Bucio. Por ello es posible hallar personajes que “escupen un arcoíris” que los ciegos tantarán porque los que vemos hemos perdido la capacidad de observar y de sentir. Los lectores nos encontramos ante la propalación de la crítica ante los estereotipos que están representados, por ejemplo en “la locura del ideólogo analítico”. Ante un mundo carente de ideas y de sensibilidad Bucio nos muestra que hay labios agrietados por el polvo, pero incluso así, nada está perdido porque es la irreverencia de la vida, de eros la que salvará aquella tristeza, aquel “desierto de ideas”, porque el autor nos dice “hay una huelga de flores ansiosas”. 

El poemario de Bucio comprueba aquel verso de Pellicer -del poema “Discurso por las flores”-: “Ser flor es ser un poco de colores con brisa”, porque en efecto, nuestro autor toma como icono las flores para construir su universo de esperanza y vida, de frescura. Una brisa que permite que la Bestia ahora no necesite ser transformado en príncipe por Bella, porque la Bestia son la inventio y la poiesis misma. La Bestia es la salvadora: “La Bestia salvadora invita a olvidar los vértigos”.
Propalación, rebeldía, re-creación de la bestia por medio de la presencia de eros, eso es lo que hallamos en el poemario de Bucio. Por ello estoy segura que, en efecto, como él lo dice, los necios, los jóvenes poetas son “…el vértigo que jala / hacia adelante/ hacia el futuro / de todos los porqués.” Así sea en nombre de la poesía y del conocimiento que puede otorgarnos. Así sea para que la poesía salga del arrabal, del olvido y nos haga a todos tantear arcoíris.

Enhorabuena Sandino Bucio. Recibe un cordial saludo y estas notas desde tierras costarricenses. 
   

martes, 16 de abril de 2013

Sandino Bucio, las repeticiones que repudian




 Por Rober Díaz

Podemos jactarnos de ser unos hombres pos-modernos, ¿qué es esto? Solo por ser mínimamente honesto creo que tiene que ver con la indiferencia. Somos pos modernos en toda la medida que esto suponga justificar el cumulo de indiferencias que llenan nuestra cotidianidad ¿Hablo por nosotros?, claro, suponiendo que todo el que habla en nombre de conceptos abstractos y generales habla indirectamente de sí mismo. Sartre (por poner un ejemplo) un existencialista, en mucho de lo que teorizó a la vez de él mismo, influyeron: cargas emotivas, prejuicios, clases sociales, que reflejó un estado de la sociedad en la que habitó. Una sociedad que ya prefiguraba el talón de Aquiles de la posmoderna: la inmovilidad, la desidia, el conformismo que provoca la información múltiple pero vacía, la estabilidad económica que mata de hambre a las minorías y con ello también ataca a la diferencia y que en ese momento se manifestaba como un cambio deslumbrante: en movimientos feministas, las movilizaciones anti-guerra, los movimientos estudiantiles y sin embargo, todas estás luchas y demandas fueron a la postre integradas a las dadivas que el estado ofrecería para nosotros sus ciudadanos y fieles consumidores. El existencialismo, el pensamiento de la escuela de Frankfurt como corrientes filosóficas fueron integradas a los programas que el estado en su versión más acabada entregaría: la democracia y con ella la libertad de expresión, de libre transito y sobre todo: la libertad de elegir entre distintos productos para consumirlos. Estado de varias cabezas que en el mundo decide quienes son los gobiernos viables y quienes al no serlo, significan una amenaza y los ataca.
Solo el hombre es capaz de nombrar a su historia. No ha habido tiempos, sino hombres que coincidieron en ideas que encontraron receptores y reproductores de estás ideas. Nuestro tiempo tiene un déficit generalizado, no de ideas sino de pasiones, nuestro tiempo también tiene ciertas características: ha abandonado los extremos. Porque le han dicho que son malos, porque todo extremo distorsiona la realidad, una realidad que se presenta ya no con las simplezas del pasado, la crueldad del sistema se ha ido agazapando, la cultura de masas ha demostrado su fidelidad a la supervivencia:  la adaptación a todas las circunstancias: opresión silenciosa pero descarada.

Tuve la oportunidad de ver a Sandino Bucio frente a las instalaciones de televisa, recuerdo que pensé en los manifiestos de los Infrarrealistas en 1975 y que aquella continuidad estaba siendo bien representada pues nuestros poetas de la actualidad iban a ser mucho más radicales, al final ya había algo detrás de ellos, poetas y un mito fundacional que iba con todo y por todo en contra del establishment literario, me pregunté al escucharlo ¿la poesía y la política pueden ser una misma cosa? Seguramente no, a la política le falta conciencia para tocar a la poesía, pero la poesía puede transformarse en política cada que quiera y ponerse por encima de ella, para hacer lo que mejor hace: crear belleza desacatando lo establecido… 


En un contexto en el que el estado de lucha es un estado en franca desaparición, en la que los movimientos sociales comienzan para partirse y no multiplicarse sino dividirse hasta anularse, gracias a la creatividad de las agencias de publicidad, las religiones y los discursos políticos dedicados a alabar la fuerza motora del individualismo, el poeta que viene,  no tendrá como única responsabilidad el verso, sino también la ubicación combativa de éste. Los años que vendrán serán una etapa de transición en la que los poetas deberán librar su gran batalla, batalla por la no extinción. La palabra poético comienza a abarcar asegunes que antes creíamos estaban destinadas solo a hablar de los románticos, de los locos bohemios. Poético puede ser la explosión en partes del terrorista, la querencia del joven revolucionario que se va a la selva porque sencillamente la guerrilla urbana, la revolución en las ciudades está por antonomasia perdida, ha sido de muchas formas erradicada. La figura del poeta ha descendido más de lo que creemos al subterfugio de la clandestinidad, se ha fijado dentro de móviles en los que la locura pero sobre todo la imposibilidad son los que cobijan su estancia como una clase de artistas sin un territorio fijo.
La subsistencia de la poesía se dará frente a los medios de comunicación y la estandarización de los conceptos y las palabras. El poeta que deja de ser maestro y sale de las universidades pues el verso también es movimiento pero por encima: acción.
Una poesía que no crea acción en las ideas de las demás personas es una poesía enunciativa, necesaria sí, pero dentro de un contexto con tan poco movimiento y propuesta: atentado contra esos pedazos de sociedad que llegan a las calles a manifestarse.
Yo Soy 132 movimiento sui géneris en muchos sentidos, no solo en su organización interna,  sino en las metas que como movimiento se planteó arrojó nuevas formas de expresión; indudable que la fuerza de las demandas de sus integrantes, la necesidad de su presencia dentro del raquítico panorama de querellas que la sociedad puede pedir a un gobierno en franca descomposición, impulsó, un cambio en el discurso. Hoy presentamos a un poeta, Sandino Bucio, salido del Yo soy 132 que debía repetir para denunciar, que debía enunciar acuciosamente para demostrar el oprobio que los medios de comunicación hacen en consumidores televidentes. La poesía de Bucio sale de los discursos políticos y los contradice, pues aunque busque la esperanza y la acción de sus congéneres en actos llamados a la poesía, no lo hace por el simple cambio social, sino lo hace por el cambio de actitud a quien pretende llegar. La poesía como una acción poética más que como una acción de la belleza. Los versos de Sandino, viajan de la metáfora a la materialidad que insinúa, son pues una enunciación que llama a desobedecer bella y conscientemente.

domingo, 7 de abril de 2013

Desnudarse a través de máscaras: un andar por tiempos posmodernos



Por Alejandro Reyes Juárez


[Ramírez, Athena (2012). Incivil. México,
Versodestierro. Colección Poesía sin permiso.]

Algunos autores plantean que las transformaciones aceleradas de los últimos tiempos han configurado una nueva época: la posmodernidad. Caracterizada por aspectos como la complejidad, la fragmentación de la vida social, la redefinición de tiempo y espacio, la incertidumbre, el caos, el riesgo y la ambivalencia.
En este contexto, los sujetos libres pero atados a los vaivenes del mundo y la vida construyen y reconstruyen de manera continua identidades múltiples, las cuales refieren, según Maffesoli (2004), al hecho, sin esquizofrenia, de que uno puede vivir a través de una multiplicidad de máscaras que uno tiene a su disposición sin que haya nada de esquizoide, sin que haya nada de patológico. O como lo menciona Bauman (2001), al igual que todo lo demás, la imagen de uno mismo se desintegra en una colección de instantáneas.
Los poemas que Athena Ramírez comparte con nosotros en Incivil incorporan una visón de la posmodernidad. No trata de explicar el mundo, porque ese no es propósito de la poesía, pero, la poeta muestra una capacidad de compresión de éste que incorpora en sus textos, los cuales además, quizá como reflejo de eso, asumen el riesgo de la búsqueda y la contingencia para ir más allá de lo convencional y romper con la solemnidad.
La poeta, que se reconstruye constantemente, se mueve por los mundos de la poesía y los mundos cotidianos, muchos de éstos contradictorios; los articula en cada verso para darles coherencia pero, sin desconocer, precisamente, la heterogeneidad que caracteriza al periodo histórico actual y a cada sujeto que nos tocó vivir en él. Esto lo deja claro desde el primer poema, titulado Biografía universal, y sus primeros versos: Vivo en muchas partes/ Soy muchas personas/ Y justo ahora me dedico a estar aquí…
Un estar aquí donde la experiencia, llena de contradicciones, se vuelve metáforas para transitar de la luz a la oscuridad; de la fe a su negación; del pesimismo a la utopía; de la comprensión de sí misma al desconocimiento absoluto; del sueño a la hiriente realidad; del ruido al silencio; de la estridencia al ritmo acompasado,  de la armonía a la desolación; de la creación al fin del mundo; de la civilidad a la incivilidad.
De las identidades múltiples y voces diversas que Athena muestra en sus poemas, las contestatarias y rebeldes ocupan un lugar central. El poema que da titulo al libro es un ejemplo de ello. En él capta una civilización desahuciada que va perdiendo el significado, donde: Libertad: esa palabra tan puta/ que se pinta las uñas/ mientras se busca/ en un diccionario/ y se  maquilla de libertina. Y llega a preguntarse ¿Cuándo llegará/ el anhelado fin del mundo?
My Little lord, otro de los poemas contenidos en Incivil,  nos lleva a una guerra que algunos pensaron terminaría pronto, pero que, por el contrario, parece perpetuarse, solo que ahora el silencio amordazado pretende, inútilmente, ocultar el estruendo de las balas y el dolor de un país que se desangra. Vi una mujer de luto vestida/ en miseria, ¡qué digo una,/ he visto a miles!/ Y tú limitándote a vestir a tu mujer de gala/ Padre iracundo, padre espurio/ Tu grito patrio/ provocó el llanto del cielo/ Y no hay plegaria/ que a tus oídos conmueva/ Para que tus ojos/ se encuentren con los de abajo/ Con la desolación de un país/ ávido de un milagro…
Así, desde un estar aquí y ahora de la poeta, desde los espacios de la vida cotidiana construye su poesía y transforma la experiencia. En sus poemas cobra sentido lo que Enriqueta Ochoa dijo acerca de que la poesía es un hallazgo de lo insólito en lo cotidiano (…) En el mundo de las vivencias el que mejor configura los símbolos, la magia, las imágenes, la liberación de las palabras concretas.
Al final Athena Ramírez usa diversas máscaras solo para desnudarse; para dejar ver lo que su corazón y mente contienen; mostrarse como es, como lo hace, en uno de su poemas, esa niña eterna que se pasea majestuosa con su vestido de noche dándole sentido a la constelación. Los invito a escuchar con atención lo que sus diversos Yos nos quieren decir en Incivil, su opera prima.
Casa Talavera-UACM, México D.,F., 22 de marzo de 2013