domingo, 30 de noviembre de 2014

La re-creación de la bestia

Por Rocío García Rey

La filosofa María Zambrano, en su libro Filosofía y poesía, nos alerta acerca del grillete en el que en muchas ocasiones se ha convertido la razón. Lo hace con estas palabras:

Desde que el pensamiento consumó su "toma de poder”, la poesía se ha quedado a vivir en los arrabales, arisca y desgarrada diciendo a voz en grito todas las verdades; inconvenientes; terriblemente indiscreta y en rebeldía.

Es verdad que la poesía como género ha quedado fuera del canon occidental de conocimiento y razón; sin embargo por suerte siguen estando aquellos necios como Sandino Bucio que como parte de una generación de jóvenes poetas nos dan la certeza de que la creación poética aun viviendo en los arrabales, es una suerte de festín de imágenes que nos permiten hallar el andamio al goce estético de las palabras. 
En Las Bestias y las Flores hallamos de entrada un juego oximorónico que permite colocar en el mismo campo semántico la aparente oposición: belleza / fealdad. Si bien podríamos pensar en títulos como Las flores del mal, de Baudelaire o en el famoso cuento maravilloso “La bella y la bestia” que también presentan un oxímoron en el título, en estas notas nos concentraremos en el trabajo de re-creación de dos elementos eje en el trabajo de Bucio: la inventio para proclamar la renovación de la vida, y el cuestionamiento a ese grillete que mencionamos al principio: el de la razón árida.
El poema de apertura del trabajo de Bucio recuerda momentos de Huidobro, sobre todo de aquella “Arte poética” en la que deja bien en claro que de nada vale cantar la rosa si el poeta no recrea en el poema el canto de la flor. Tal anhelo se renovación estilística está emparentado cuando Bucio escribe: “es tiempo del cambio”. Y si, otrora, varios creímos que la palabra cambio estaba en los movimientos sociales, nuestro autor abre el telón para mostrarnos que la patria no es otra cosa que la vida. El verso, en efecto, es convertido en “una llave” (recordando de nuevo a Huidobro) y esa llave nos expulsa de la palabra simple y plana para enseñarnos que el anhelo está en la conjunción de aquello que la razón nos hizo creer no podía estar en el mismo universo. La dualidad se transforma en unidad porque la nueva generación de poetas como Bucio nos dicen: “ya no seremos la misma coalición de entes carroñeros”, si esa identidad apegada a tanatos se abandona es porque se ha encontrado la manera de que el oxímoron se convierta en coincidencia opositora. Ello se explica cuando leemos: “Somos la comunidad de las bestias y las flores”.  

Aunado a lo anterior es eros con el ímpetu de la poiesis quien puede hacer que la coincidencia opositora sea acción horizontal. Tal aseveración se fundamenta con la siguiente imagen: “Somos el polen, la conciencia, la plaga que esparce el amor en todas las lápidas”.

Es precisamente la lucha de eros para volverse a posicionar en el mundo de desencanto el que hace que, precisamente como Zambrano afirmo, el poeta grite lo que la racionalidad no permite: gritar el delirio como anhelo. “Sucumbo en el umbral del delirio”. Se trata de un delirio creador y re-creador en el trabajo de Bucio. Por ello es posible hallar personajes que “escupen un arcoíris” que los ciegos tantarán porque los que vemos hemos perdido la capacidad de observar y de sentir. Los lectores nos encontramos ante la propalación de la crítica ante los estereotipos que están representados, por ejemplo en “la locura del ideólogo analítico”. Ante un mundo carente de ideas y de sensibilidad Bucio nos muestra que hay labios agrietados por el polvo, pero incluso así, nada está perdido porque es la irreverencia de la vida, de eros la que salvará aquella tristeza, aquel “desierto de ideas”, porque el autor nos dice “hay una huelga de flores ansiosas”. 

El poemario de Bucio comprueba aquel verso de Pellicer -del poema “Discurso por las flores”-: “Ser flor es ser un poco de colores con brisa”, porque en efecto, nuestro autor toma como icono las flores para construir su universo de esperanza y vida, de frescura. Una brisa que permite que la Bestia ahora no necesite ser transformado en príncipe por Bella, porque la Bestia son la inventio y la poiesis misma. La Bestia es la salvadora: “La Bestia salvadora invita a olvidar los vértigos”.
Propalación, rebeldía, re-creación de la bestia por medio de la presencia de eros, eso es lo que hallamos en el poemario de Bucio. Por ello estoy segura que, en efecto, como él lo dice, los necios, los jóvenes poetas son “…el vértigo que jala / hacia adelante/ hacia el futuro / de todos los porqués.” Así sea en nombre de la poesía y del conocimiento que puede otorgarnos. Así sea para que la poesía salga del arrabal, del olvido y nos haga a todos tantear arcoíris.

Enhorabuena Sandino Bucio. Recibe un cordial saludo y estas notas desde tierras costarricenses. 
   

martes, 16 de abril de 2013

Sandino Bucio, las repeticiones que repudian




 Por Rober Díaz

Podemos jactarnos de ser unos hombres pos-modernos, ¿qué es esto? Solo por ser mínimamente honesto creo que tiene que ver con la indiferencia. Somos pos modernos en toda la medida que esto suponga justificar el cumulo de indiferencias que llenan nuestra cotidianidad ¿Hablo por nosotros?, claro, suponiendo que todo el que habla en nombre de conceptos abstractos y generales habla indirectamente de sí mismo. Sartre (por poner un ejemplo) un existencialista, en mucho de lo que teorizó a la vez de él mismo, influyeron: cargas emotivas, prejuicios, clases sociales, que reflejó un estado de la sociedad en la que habitó. Una sociedad que ya prefiguraba el talón de Aquiles de la posmoderna: la inmovilidad, la desidia, el conformismo que provoca la información múltiple pero vacía, la estabilidad económica que mata de hambre a las minorías y con ello también ataca a la diferencia y que en ese momento se manifestaba como un cambio deslumbrante: en movimientos feministas, las movilizaciones anti-guerra, los movimientos estudiantiles y sin embargo, todas estás luchas y demandas fueron a la postre integradas a las dadivas que el estado ofrecería para nosotros sus ciudadanos y fieles consumidores. El existencialismo, el pensamiento de la escuela de Frankfurt como corrientes filosóficas fueron integradas a los programas que el estado en su versión más acabada entregaría: la democracia y con ella la libertad de expresión, de libre transito y sobre todo: la libertad de elegir entre distintos productos para consumirlos. Estado de varias cabezas que en el mundo decide quienes son los gobiernos viables y quienes al no serlo, significan una amenaza y los ataca.
Solo el hombre es capaz de nombrar a su historia. No ha habido tiempos, sino hombres que coincidieron en ideas que encontraron receptores y reproductores de estás ideas. Nuestro tiempo tiene un déficit generalizado, no de ideas sino de pasiones, nuestro tiempo también tiene ciertas características: ha abandonado los extremos. Porque le han dicho que son malos, porque todo extremo distorsiona la realidad, una realidad que se presenta ya no con las simplezas del pasado, la crueldad del sistema se ha ido agazapando, la cultura de masas ha demostrado su fidelidad a la supervivencia:  la adaptación a todas las circunstancias: opresión silenciosa pero descarada.

Tuve la oportunidad de ver a Sandino Bucio frente a las instalaciones de televisa, recuerdo que pensé en los manifiestos de los Infrarrealistas en 1975 y que aquella continuidad estaba siendo bien representada pues nuestros poetas de la actualidad iban a ser mucho más radicales, al final ya había algo detrás de ellos, poetas y un mito fundacional que iba con todo y por todo en contra del establishment literario, me pregunté al escucharlo ¿la poesía y la política pueden ser una misma cosa? Seguramente no, a la política le falta conciencia para tocar a la poesía, pero la poesía puede transformarse en política cada que quiera y ponerse por encima de ella, para hacer lo que mejor hace: crear belleza desacatando lo establecido… 


En un contexto en el que el estado de lucha es un estado en franca desaparición, en la que los movimientos sociales comienzan para partirse y no multiplicarse sino dividirse hasta anularse, gracias a la creatividad de las agencias de publicidad, las religiones y los discursos políticos dedicados a alabar la fuerza motora del individualismo, el poeta que viene,  no tendrá como única responsabilidad el verso, sino también la ubicación combativa de éste. Los años que vendrán serán una etapa de transición en la que los poetas deberán librar su gran batalla, batalla por la no extinción. La palabra poético comienza a abarcar asegunes que antes creíamos estaban destinadas solo a hablar de los románticos, de los locos bohemios. Poético puede ser la explosión en partes del terrorista, la querencia del joven revolucionario que se va a la selva porque sencillamente la guerrilla urbana, la revolución en las ciudades está por antonomasia perdida, ha sido de muchas formas erradicada. La figura del poeta ha descendido más de lo que creemos al subterfugio de la clandestinidad, se ha fijado dentro de móviles en los que la locura pero sobre todo la imposibilidad son los que cobijan su estancia como una clase de artistas sin un territorio fijo.
La subsistencia de la poesía se dará frente a los medios de comunicación y la estandarización de los conceptos y las palabras. El poeta que deja de ser maestro y sale de las universidades pues el verso también es movimiento pero por encima: acción.
Una poesía que no crea acción en las ideas de las demás personas es una poesía enunciativa, necesaria sí, pero dentro de un contexto con tan poco movimiento y propuesta: atentado contra esos pedazos de sociedad que llegan a las calles a manifestarse.
Yo Soy 132 movimiento sui géneris en muchos sentidos, no solo en su organización interna,  sino en las metas que como movimiento se planteó arrojó nuevas formas de expresión; indudable que la fuerza de las demandas de sus integrantes, la necesidad de su presencia dentro del raquítico panorama de querellas que la sociedad puede pedir a un gobierno en franca descomposición, impulsó, un cambio en el discurso. Hoy presentamos a un poeta, Sandino Bucio, salido del Yo soy 132 que debía repetir para denunciar, que debía enunciar acuciosamente para demostrar el oprobio que los medios de comunicación hacen en consumidores televidentes. La poesía de Bucio sale de los discursos políticos y los contradice, pues aunque busque la esperanza y la acción de sus congéneres en actos llamados a la poesía, no lo hace por el simple cambio social, sino lo hace por el cambio de actitud a quien pretende llegar. La poesía como una acción poética más que como una acción de la belleza. Los versos de Sandino, viajan de la metáfora a la materialidad que insinúa, son pues una enunciación que llama a desobedecer bella y conscientemente.

domingo, 7 de abril de 2013

Desnudarse a través de máscaras: un andar por tiempos posmodernos



Por Alejandro Reyes Juárez


[Ramírez, Athena (2012). Incivil. México,
Versodestierro. Colección Poesía sin permiso.]

Algunos autores plantean que las transformaciones aceleradas de los últimos tiempos han configurado una nueva época: la posmodernidad. Caracterizada por aspectos como la complejidad, la fragmentación de la vida social, la redefinición de tiempo y espacio, la incertidumbre, el caos, el riesgo y la ambivalencia.
En este contexto, los sujetos libres pero atados a los vaivenes del mundo y la vida construyen y reconstruyen de manera continua identidades múltiples, las cuales refieren, según Maffesoli (2004), al hecho, sin esquizofrenia, de que uno puede vivir a través de una multiplicidad de máscaras que uno tiene a su disposición sin que haya nada de esquizoide, sin que haya nada de patológico. O como lo menciona Bauman (2001), al igual que todo lo demás, la imagen de uno mismo se desintegra en una colección de instantáneas.
Los poemas que Athena Ramírez comparte con nosotros en Incivil incorporan una visón de la posmodernidad. No trata de explicar el mundo, porque ese no es propósito de la poesía, pero, la poeta muestra una capacidad de compresión de éste que incorpora en sus textos, los cuales además, quizá como reflejo de eso, asumen el riesgo de la búsqueda y la contingencia para ir más allá de lo convencional y romper con la solemnidad.
La poeta, que se reconstruye constantemente, se mueve por los mundos de la poesía y los mundos cotidianos, muchos de éstos contradictorios; los articula en cada verso para darles coherencia pero, sin desconocer, precisamente, la heterogeneidad que caracteriza al periodo histórico actual y a cada sujeto que nos tocó vivir en él. Esto lo deja claro desde el primer poema, titulado Biografía universal, y sus primeros versos: Vivo en muchas partes/ Soy muchas personas/ Y justo ahora me dedico a estar aquí
Un estar aquí donde la experiencia, llena de contradicciones, se vuelve metáforas para transitar de la luz a la oscuridad; de la fe a su negación; del pesimismo a la utopía; de la comprensión de sí misma al desconocimiento absoluto; del sueño a la hiriente realidad; del ruido al silencio; de la estridencia al ritmo acompasado,  de la armonía a la desolación; de la creación al fin del mundo; de la civilidad a la incivilidad.
De las identidades múltiples y voces diversas que Athena muestra en sus poemas, las contestatarias y rebeldes ocupan un lugar central. El poema que da titulo al libro es un ejemplo de ello. En él capta una civilización desahuciada que va perdiendo el significado, donde: Libertad: esa palabra tan puta/ que se pinta las uñas/ mientras se busca/ en un diccionario/ y se  maquilla de libertina. Y llega a preguntarse ¿Cuándo llegará/ el anhelado fin del mundo?
My Little lord, otro de los poemas contenidos en Incivil,  nos lleva a una guerra que algunos pensaron terminaría pronto, pero que, por el contrario, parece perpetuarse, solo que ahora el silencio amordazado pretende, inútilmente, ocultar el estruendo de las balas y el dolor de un país que se desangra. Vi una mujer de luto vestida/ en miseria, ¡qué digo una,/ he visto a miles!/ Y tú limitándote a vestir a tu mujer de gala/ Padre iracundo, padre espurio/ Tu grito patrio/ provocó el llanto del cielo/ Y no hay plegaria/ que a tus oídos conmueva/ Para que tus ojos/ se encuentren con los de abajo/ Con la desolación de un país/ ávido de un milagro
Así, desde un estar aquí y ahora de la poeta, desde los espacios de la vida cotidiana construye su poesía y transforma la experiencia. En sus poemas cobra sentido lo que Enriqueta Ochoa dijo acerca de que la poesía es un hallazgo de lo insólito en lo cotidiano (…) En el mundo de las vivencias el que mejor configura los símbolos, la magia, las imágenes, la liberación de las palabras concretas.
Al final Athena Ramírez usa diversas máscaras solo para desnudarse; para dejar ver lo que su corazón y mente contienen; mostrarse como es, como lo hace, en uno de su poemas, esa niña eterna que se pasea majestuosa con su vestido de noche dándole sentido a la constelación. Los invito a escuchar con atención lo que sus diversos Yos nos quieren decir en Incivil, su opera prima.
Casa Talavera-UACM, México D.,F., 22 de marzo de 2013

Sobre "Instrucciones para buscar en la niebla"


Por Alejandro Joel Hernández 

   Siempre he creído que presentar el nuevo libro de un poeta amigo, es un acto estúpidamente irresponsable, porque con las limitaciones propias, el presentador termina por alterar, distorsionar y mutilar el trabajo literario, e  intenta abusivamente suplantar al autor, porque prejuzga y predispone, y aun peor, manosea amistosamente la obra poética y el autor sentado en el banquillo de los acusados es incapaz de defenderse de un incompetente abogado de oficio.
Dicho lo anterior y agradeciendo que no sea el objetivo ni la ocasión para entrar en un análisis teórico puro, me instalo entre ustedes como un lector en el umbral, en el umbral de la niebla, como evidencia de una poética que conozco y he compartido.
Hoy quiero hablar de una mujer a la que quiero y respeto, y me complace hablar por supuesto de la poeta y generosa maestra a la que descubro con la misma admiración, una y otra vez, en cada uno de sus versos. Hoy encuentro más poesía y más poeta en este libro y me hace ver con más claridad pero al mismo tiempo cada vez más impenetrable el misterio que la abreva, esa densa niebla en que se mueve, de la que obtiene su fuerza y su fragilidad.
“Los secretos nos abren cajones en el cuerpo:
cajones que cerramos para poder vestirnos
y salir a la calle sin que nadie lo sepa.”
En “INSTRUCCIONES PARA BUSCAR EN LA NIEBLA” Mónica Suárez pone en nuestras manos una obra global y exquisita. La voz que habla en sus poemas abre las ventanas de su noche a su interior y se va abriendo paso a través del espacio emocional que delimita su experiencia, su íntima soledad, donde realiza un balance entre lo hallado y lo perdido.
“Me pesan los cajones abiertos en el cuerpo
que guardan los fragmentos de todo lo que he sido.”
Cada vez que intento descifrar esta soledad que sabe a muerte maniatada, me desarma, me deja mudo, tatuado por el dolor y cuando intento recuperar mis huesos anegados en el miedo, la poesía hecha girones de Mónica regresa para decirme con todo el silencio que envuelve sus palabras, que la vida sólo es una manera de recordar morir:

“Habrá que andar de nuevo
el tiempo. Cruzar sin pies ni manos
la trampa del abismo. Atravesar
como se pueda la herida
de estar vivo.”

La certeza de los recuerdos y sentimientos se aferra firmemente a las palabras, en donde los umbrales se difuminan y la magia y la poeta se fusionan, y surge como consecuencia una condición inevitable y casi fatal de todo vate, la presencia de la necesaria ironía en la poesía, la cual se explica cómo vacío y suplantación cuando se escribe una cosa y se quiere decir algo distinto. Desde luego también queda la elección del silencio, una cualidad virtuosa que tiende a olvidarse, afortunadamente Mónica la utiliza para pulir esa fina artesanía con la pulcritud de la gramática.
“Me deshago en la noche que duerme recostada
en las habitaciones oscuras de mi cuerpo.
¿Cómo decirlo sin herir a la sombra,
que se queda sentada a un lado de la cama,
vigilando mis gestos?”
Qué privilegio tener la oportunidad de presentar “INSTRUCCIONES PARA BUSCAR EN LA NIEBLA” de Mónica Suárez que funde nuestro propio umbral, que define lo particular de esta presentación, que en el fondo no es sino la gran oportunidad de compartir una bella poesía y celebrar a uno de los nuestros.
Cada quien debe buscar en la niebla lo que considere prudente, tal vez algo muy preciado que haya perdido o quizás el propio yo que nunca ha encontrado, por lo pronto yo intentaré seguir las instrucciones que amable y desinteresadamente nos da Mónica:
“Voy a creer que las heridas sanan
con cataplasmas de silencios
y otros lodos,
que las sombras
son sólo fantasma de las cosas
y no de nosotras pedazos perdidos.”
Te queremos Mónica y sabemos que vas a tener el éxito que te mereces.

Casa Talavera, Centro Histórico de la Ciudad de México a 15 de marzo de 2013

Alejandro Joel


Eva en el país de lo cotidiano


Por María Elena Solórzano

El libro “Nada se pierde” de la poeta Eva Castañeda se divide en tres secciones: De aquí, De allá, De otros lugares. Huidobro nos dice: El poeta crea su mundo, es como un Dios que construye y reconstruye. En esta obra hay un aliento de creacionismo y aparecen guiños del estridentismo. Enseres domésticos aparentemente insignificantes condicionan nuestras vidas. Sólo tenemos nuestras diarias vivencias, en nuestra inherente finitud queremos trascender. La perfección no existe, lo impecable en la suavidad y la blancura tampoco existe, la superficie más tersa vista al microscopio tiene grietas. Toda certeza es engañosa, los ojos y los demás sentidos nos dan una realidad algunas veces falsa y miramos lo que no es. De aquí.

Para Eva muchas cosas pasan desapercibidas, pero se detiene a mirar -como toda poeta- el color de las hormigas y a escuchar el canto zigzagueante de las moscas. No sabe de fantasías, sabe de cosas diminutas, pero eso es lo que forma la vida y la realidad está enfrente sin dar respuesta alguna a nuestros problemas existenciales.



Tu amor, mi amor no lo quiso nadie y sólo quedó el reguero de luz, ya no hay amor ni una migaja. Pero hay amores que crecen y no los alcanza la mezquindad ni los eclipsa la rutina.
Eva dice: no me cuentes tu historia, es mi historia. El ruido de los trenes en las vías me dice de otras almas, de otras vidas y tú puedes morir bajo los trenes en la madrugada (por los sueños malogrados).
Y dice Eva
 Que cada día es diferente: el día de hoy tranquilo y te pondrás tu endeble armadura (tu vestido de sueños, alguna flor en el cabello, carmín en los labios y un toque de rubor). De mañana lo cotidiano no te engulle.
Ellos toman el autobús, ella baila un vals en sueños porque en lo cotidiano no hay música . El terremoto terminó con todo, el terremoto les mató el alma. Todos hemos vivido un terremoto y se ha perdido todo, absolutamente todo.

Las cosas cobran vida, caminan y hacen ruido, un abalorio, un símbolo, un signo, una estampita de la Virgen de Guadalupe o de San Judas Tadeo pueden tener gran importancia y los guardas en el saco de tu memoria.
Te encuentras con un mundo desgastado donde todo es sabido y los hechos ya no causan ningún asombro. Ni siquiera el embarazo por violación de una niña de once años.
La blancura lastima, pues nos acostumbramos a nuestras manchas, a nuestras sucias manías y cuando estamos ante la blancura, no tenemos referencias ni siquiera migas para seguir el sinuosos camino que se abre frente a nosotros.
Cuánto luchamos por alcanzar una meta, un bien o un amor, cuando logramos lo anhelado, muchas veces viene el desencanto y ni siquiera hay puentes de esperanza, sólo el laberinto donde nos perdemos pero que a fuerza de recorrerlo ya nos es familiar y cotidiano.
Un paliativo a esta miserable cotidaneidad, es el amor, nada cambia, pero la hace más llevadera “…sigue muriendo irremediablemente, pero algo en mí es menos amargo”.
Tres horas en el tránsito en la Ciudad de México cualquiera desea la muerte, los carros aplastan la voluntad, el buen humor, los sueños, todo…la ciudad ya es inhabitable “…y los carros aplastan pajaritos sin piedad.”
Este es el país de lo cotidiano, a veces vuelve la oscuridad y vuelve una y otra vez la injusticia. “Sé que un puñal, una piedra y una soga no esconden respuestas”

De allá
Eva  se mira en la cuchara porque le da una imagen   deformada pero más rica en contornos y resplandores y recuerdo a Valle Inclán con sus estampas esperpénticas ¡Qué incertidumbre ante lo cotidiano! “Se terminó la leche, el camino a la tienda es tortuoso, niños invisibles me arrojan piedras. Surgen los fantasmas que todos guardamos celosamente pues nos hacen vulnerables.
 El confort  no ha mejorado nuestra vida espiritual. “Afuera todo descuartizado, adentro también, pero hay calefacción…” La cuchara como espejo, el jardín en la colcha.
No estamos tan lejos de la locura ¿Acaso es el poeta un loco? “A las locas mejor portadas les pusieron un jardín con cinco árboles torcidos y fotografías sepias.”
“Ustedes locas, (léase poetas) andan con las cicatrices de fuera,/ enseñan la costra,/ se pegan a las paredes.”   
De otros lugares
Una interpretación de la realidad en la que se siente el desamparo, el dolor de vivir y sin embargo hay esperanza,  Dante dice que el peor castigo para un hombre es perder la esperaza.
“Mira hay un erizo afuera./ Todo el tiempo afuera/ afilando su cuerpo.  Pero adentro algo más suave, -no huesos-, sí armonía, algo que de tan salvaje se queda quietísimo/ Llámalo, tráelo despacio.
Los paraísos falsos se hacen presentes “Tú, penumbra en el retrato, paloma del alcohol y la amapola.”
Esta parte donde la autora maneja un bestiario me remite a las creencias prehispánicas donde se dice que cada ser humano tiene un animal tutelar y que tendrá algunas de sus características.
Mujer elefanta.
Monumental, inmensa, su cuerpo principia en la orilla de una ciudad redonda-/ abarca la hierba y el huracán./ Sabía toca la impaciencia/ y la detiene. Su mano templa.

Mujer cebra
Antigua la mano que dibuja en la carne la raya.
Negra.
Atraviesas el ojo y la pestaña como el animal
Que cruza la montaña.
Llegas.
Tu piel dice: Verbo

Mujer jirafa
Mujer giganta me han llamado,
Se entreabre la tierra
Y sus anillos se acomodan en mi cuello,
Mi cuerpo cruza el desierto, el asfalto
Como flecha erguida.

                                     México, D.F., a 24 de febrero de 2013.



"Legajos" de Alina Hernández


Por Jesús Gómez Morán 



Lo primero que me brinca a la vista en esta plaquette titulada Legajos, es el tono de Alina Hernández, quien evidencia haber superado los posibles titubeos a que todo debut puede conducir, probablemente debido al segundo lugar obtenido en el cuarto Torneo “Poesía en el Cuadrilátero”, dándole tablas y una seguridad en la voz. En cuanto a su contenido, considero que un efectivo acercamiento a todo texto literario se puede llevar a cabo haciéndole preguntas a la obra en cuestión. En el caso de esta ópera prima de Alina cabría preguntarse: ¿por qué “legajos”? El término remite en primer lugar a un asunto de índole legal, quizás jurídico. Sin perder de vista esta circunstancia, a continuación voy a hacer exposición de varios elementos que aparecen en estos poemas y tal vez a partir de ellos se pueda despejar la incógnita.


Dos son los aspectos temáticos dominantes en esta plaquette. Uno sería la dimensión de lo citadino. El otro, que se desprende del anterior, se enfoca a dar cuenta de cómo se vive en la ciudad desde una perspectiva femenina. Me explico: al interior de esta ciudad de México la violencia cotidiana es la misma tanto para hombres como para mujeres, pero hay sin duda una variante en cuanto a género se trata, pues a veces se vuelve especialmente agresiva para las mujeres que la habitan: “Los hombres-sonrisas vieron la piel verde de mis párpados y me regalaron una máscara” enuncia el yo poético en “Días felices”. Dentro de dicha temática, éste es apenas un primer nivel de lectura: hay otro que surge a nivel socio-histórico y la condición nacional es susceptible de expresarse (más allá de un estudio antropológico) en estos términos: “me disfrazaba con trajes de bailarina y cantaba con voz prestada por sonrisas extranjeras”, dice en el mismo poema.
Y todavía existe la posibilidad de plantear un tercer nivel, de carácter psicoanalítico, mismo que podría enlazarse con los dos anteriores, a partir del elemento de la máscara, como sucede en el poema “La mirada de los otros”. En este texto, el título hace pensar no sólo en la tesis de que “el infiernos son los otros”, proclamada por Jean Paul Sartre en A puerta cerrada, sino también en el sentido de que disfraz, voces y hoguera son símbolos de algo que va más allá de una mera fragmentación de personalidad. ¿Quién es la víctima de esa violencia de aceptar esquemas provenientes de fuera, que la obligan a gritar “que soy ellos,/ que soy todos,/ menos yo”? ¿La prostituta aludida en “Moneda para el recuerdo”? ¿La historia patria? ¿La ciudad misma? Me parece que en los tres casos es procedente una respuesta afirmativa.
En suma, mi hipótesis de interpretación se sustenta en decir que estos Legajos conforman una denuncia poética dirigida a los tres aspectos de una realidad enmascarada a chaleco, por más cotidiana que parezca. Y a veces, de tan honda que quiere brotar dicha querella, parece que no alcanza a materializarse: “Yo quería nombrar un árbol,/ sin embargo se ha secado/ en el transcurso de mis labios”. Sin embargo al mismo tiempo hay una voz que se alza con el arrojo suficiente para presentar una línea que fractura este sistema opresivo, una respuesta posible a ese estado de alienación: por más que detrás haya una mirada amenazante, el lúbrico momento de cuerpos y fluidos interpenetrándose referido en “Canción de Mirra” constituye un tiempo y un espacio que opone resistencia a esa realidad enmascarada, nos dice la voz poética, así sea a través del fugaz vaivén del coito, descrito como “una canción de cuna aprisionada entre mis muslos”.
Escritura estremecedora no sólo por sus temas, sino por la apertura enunciativa de su autora, estos Legajos refrendan pues el inmemorial compromiso inherente al ejercicio poético: el de llamar a las cosas por su nombre.

martes, 10 de julio de 2012

El zombi, o la trascendencia del arquetipo masculino a principio del siglo XXI

Por Andrés Cisneros de la Cruz
Óscar Escoffié presentó el libro de Mendoza. 

¿Qué son los modelos de existencia, sino trajes, máscaras, figuras preparadas para echar a andar y apoderarse de quien les invoque? ¿Qué son los ídolos, los rockstars, las figuras de lucha, de la resistencia, o los llanos líderes del mundo, sino pautas para que la juventud, o la sociedad rasa, los emule.Un zombi, según Wikipedia, (en ocasiones escrito erróneamente con la grafía inglesa zombie), es, originalmente, una figura legendaria propia de las regiones donde se practica el culto vudú. Se trataría de un muerto resucitado por medios mágicos por un hechicero para convertirlo en su esclavo. Por extensión, ha pasado a la literatura fantástica como sinónimo de muerto viviente y al lenguaje común para designar en sentido figurado a quien hace las cosas mecánicamente como si estuviera privado de voluntad. A partir de que el término está emparentado con kikongo nzambi, que significa dios, podemos asumir también al zombi, como el esclavo de dios.


Juan Mendoza durante la presentación en el FCE 2012.

En el primer cuento de Anoche caminé con un zombi, Juan Mendoza, nos anuncia, y enreda, en un viaje que realizará, en vez de la mano de Virgilio, del mano de El Ratón y el Ray, por los inframundos de la inconciencia etílica por la cual pasa todo hombre en busca de su Beatriz (o mexicanamente, su Frida), siguiendo la dulce vida de Dante. Historia humanista, que en plena decadencia posmodernista sigue persiguiendo a sus biznietos, en séptimo grado, ilegítimos familiar que sobreviven en este México que tal vez tengan poco que ver con ese viaje universal. O quizá todo, depende en qué parte del viaje se encuentre el zombi, en busca de su ser.


La muerte del padre, como una tragedia que libera es con lo que da inicio a la historia, y lanza pies por delante, a nuestro antihéroe, que renuncia súbitamente a su trabajo, mandando al carajo a su jefe y todo lo que le rodea, para así, buscar en el más allá, a su padre, que ha atravesado ya, el río de la mano de un Caronte bigotón como Zapata.


Estephani Granda contextualizó el trabajo editorial 

¿No es el mundo una especie de guardarropa donde dos ojos sin cuerpo, como en la clásica serie de Pacman, van y se calzan un traje fantasma, que les da presencia, que no identidad, para luego ser tragados por el señor pastilla, el radiante devorador? ¿No es esta la historia con la cual creció la generación X, repetida en múltiples medios, fueran musicales o televisivos?La cultura, ejercida a través de caricaturas, noticieros y una parafernálica saga de juglares rocanroleros, en los años 80-90, fue una etapa crucial para determinar el modelo posmoderno de hombre que se “necesitaba” para el desarrollo sustentable, y equilibrado, del futuro, y por supuesto, ceñido de acuerdo a los criterios cósmicos de las mesas redondas de dichos cantores. La percepción posmoderna del zombi, monstruo de la época, que ha pasado de ser terrorífico a ser inofensivo, incluso  domesticable, y más útil que un perro. Basta recordar tres películas (entre una infinidad de ellas) para  tener una idea de esto; la legendaria de Peter Jackson, Tú abuela se comió mi perro; una comedia zombi de reciente producción: Fido, en español, Mi mascota es un zombi, y la clásica Caminé con un zombiI walked whit a zombie, de 1943, dirigida por Jacques Tourneur.

Andrés Cisneros leyó este texto en el evento. 

El zombi se ha vuelto más que un eje de afección, un ícono satanizado que, en el marco de la expiación de culpa de la época y se asume como parte integral de la sociedad; el no-vivo, el ente sujeto a su “necesidad” de “tomar” de otros “las ideas” que lo compondrán y lo mantendrán vivo, que es una forma de decir, lo mantendrán dentro del círculo de necesidades planteadas para “vivir” (que no existir) en la vida contemporánea, se vuelve equiparable a un ciudadano estándar.De allí que los requerimientos sociales para ser “económicamente respetable”, son las determinantes, condicionantes generales para nutrir al “vivo-no-vivo” de estímulos que lo hagan sentir solo-vivo. Anoche caminé con un zombi, de Mendoza, es la crisis de una serie de hombres acercándose peligrosamente a los cuarenta, con todo el peso de estas condicionantes. En el umbral de renunciar a su yo incipiente, o de aventurarse y asumir el rol predeterminado por la sociedad. Son todos estos hombres, sintetizados, y transformándose en un fantasma, que al final, al igual que godot o el padre muerto, dejarán esperando a Ella, sola. Igual que ellos esperaron como Osqui, la llegada de lo ido, y aquí un fragmento del diálogo en el cuento Sometime always: p. 66. La fundación del arquetipo masculino de México, a través de los escritores nacionalistas del siglo XIX, entre el ellos Ignacio Manuel Altamirano, con el Zarco, es la figura de un hombre bueno, trabajador, hombre de casa, en contraposición de la figura masculina estadounidense, que es la de un sicario, avisado en imponerse sobre todos, solitario, pero repartidor de la justicia, curiosamente, en vez de polarizarse; ambas figuras se fusionan en el mexicano; y esto a través, no solamente, pero sí principalmente, a través de la música.

Adriana Tafoya, Juan Mendoza, Óscar Escoffié, Andrés Cisneros de la Cruz. 

Ya Tin Tan es una mezcla que figura un pachuco, gandalla, pero gracioso; abusón, pero mártir. Familiar, pero solitario. De igual modo nuestra historia como hombres en los 80 y 90 no es muy distinta, y educados con rolas de Joy Division, The Cure, Bowie, Zappa, etcétera, son las educadoras, y al mismo tiempo formadoras de los ídolos que contextualizan la juventud; con la variable de que la realidad norteamericana, no tiene tanto que ver con la juventud mexicana. ¿En qué deriva este desfase, esta traspolación, esta desencajada situación de sociedad impuesta, y sociedad superviviente? Lo que nos lleva a la pregunta: ¿Quién es el zombi?, pregunta que puede ser medular en el libro que nos entrega Juan Mendoza, ¿quién es el zombi? El cuate que ante la muerte de su padre, se libera; el que abandona en un hotel a la mujer feminista que cumple la venganza de todas las mujeres de todas las épocas escupiéndole su propio semen en la boca. El que sigue al pie de la letra el dicho de todo hoyo es trinchera; el performancero involuntario (benditos los teporochos!, sería la frase); o el que prefiere sexo con un mouse, antes que con una mujer (sea prostituta circunstancial, sea amiga). ¿Quién es el zombi, la mujer que se queda esperando una serenata con una Fender roja, o el hombre que ve pasar la vida con los audífonos puestos?

El soundtrack del libro, con mariachis, boleros, música de Placebo, Fatboy Slim, Las Ultrasónicas, Frank Zappa, acompañado de personajes que a falta de Piporro han sobrevivido en la boca de un piropo vulgar: El Ray, El Ratón, presionando, viviendo en el cerebro de su amigo, acomodados en un sillón, ¡a todo dar!, cómodos, con un trago en la mano, sea tonaya, sea whisky, sea cerveza, contentos, esperando que la fiesta nunca acabe, porque “la vida son la fiestas”, dice alguno de los personajes de este viaje zombi. Y entre tanta soledad, la música, y un deseo de desafanarse de tanto mundo lejano. Renunciar, por qué no, a tanta chatarra que suena bien, pero que no llena. Parece que dentro de este sórdido viaje, el zombi, sea quien sea, intenta regresar a la vida, arrancarse la mueca de hambre del rostro, la necesidad de réplica.Y se asume parte de un mundo en donde es él el resultado natural de todo lo que más odia. Misógino, vulgar, desolado. Más que cínico, desfachatado, se enfrenta a un asunto más grave; nota que algo no cuadra en la narrativa de esta vida. Por eso Juan Mendoza, hace de sus personajes, entes rendidos; derrotados por su entorno. Hombres que nunca brillarán en sociedad, y que por eso, pueden ser otros. Pareciera que el autor de Anoche caminé con un zombi, nos dejara claro en ese título, que eso pasó ayer, un noche atrás, aunque la noche siempre sea joven.

Y que alguna vez caminó entre los muertos. Y que por eso, decidió un día cortarse las venas, como se cortan los tendones que unen al títere con su titiritero. Y eso es la más culero, apunta el autor en uno de los títulos del libro, cuando descubre el radical absurdo en el que vive un hombre en México a principios del Siglo XXI, cuando manifiesta su pensamiento en su carta suicida, que, cito, la p. 54: ¿A quién esperas tú? ¿Te has preguntado si eres un zombi? Si estás esperando que esté texto sea un test para resolverte la duda de si eres un zombi o no, entonces, indudablemente eres un zombi. Si eres un zombi, te recomiendo abiertamente que leas este cuentario, que te ayudará a mirar en otros, el paso al que nos ponen a bailar en la vida. Si hace tiempo que dejaste de ser zombi, igual te lo recomiendo, pues pasarás muy buenas jornadas de risa y acidez, recordando esos tiempos, que ahora parecen ajenos, distantes, como una película vieja, en al que alguna vez participaste.Un reconocimiento a Juan Mendoza, por compartir este viaje al centro del infierno que habita en el corazón de cualquier mexicano. Felicidades.